Diario de un padre objetor Reflexiones, alegrías y tribulaciones de un padre objetor a Educación para la Ciudadanía

Los partidos políticos creen que el Estado debe configurar la mente de los españoles    (Alejandro Llano)

Alguno se baja del carro; otros se suben

Alguno se baja del carro; otros se suben futuro

Hoy ha sido un día de esos extraños. Una noticia mal dada, la sensación de perder pie cuando estabas seguro de contar con un apoyo sólido …y la mofa de los enemigos de la libertad.

Parece que perdemos un apoyo que yo, personalmente, valoraba. Seguramente es fruto de un malentendido, pero el regusto amargo persiste y es cuando me topo de bruces con la frase de una mujer menuda y fuerte:

¡Hay que luchar! ¡Luchar hasta el final! Incluso sin esperanza de vencer. Incluso en plena derrota. ¡Hasta la muerte!! ¡Combatamos sin tregua! Incluso sin esperanza de ganar la batalla. ¿Qué importa el éxito?

Y viene, entonces, seguido, el más contemporáneo y más querido lema de Ni un paso atrás que me recuerda que en esta batalla estamos un montón de padres enamorados de la libertad. ¿Que contamos con apoyos? Antes venceremos ¿Que nos quedamos solos? Por lo menos no nos tacharán de instrumentos, que no los somos. Y es que en esta batalla no vamos a remolque. La estamos dando porque es responsabilidad nuestra la defensa de la libertad de las conciencias, sobre todo las de los escolares. 

Sean bienvenidos todos los apoyos, que, junto a los que se bajan del carro, siempre hay otros que se suben con nuevas energías. Esta batalla la vamos a ganar.

© 2008, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.

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  • 8 comentarios

    1. No sé si ganaremos la batalla, pues no vivimos en una democracia real, pero ahí estaremos dando la batalla.
      Total, estamos acostumbrados a que nos rompan la cara.
      Saludos desde Albacete.

    2. La guerra no sé, pero bastantes batallas las hemos ganado ya. Muchos padres son ahora más conscientes de su derecho a ser los responsables de la educación de sus hijos, y se están tomando más en serio esa tarea. Además, hemos aprendido mucho sobre los límites del poder político, el relativismo moral, el positivismo jurídico, la ideología de género, …
      Y, lo más importante, el ejemplo que estamos dando a nuestros hijos.
      Ánimo.

    3. Eso de perder la esperanza nada de nada. Yo me voy poniendo también las pilas y ya he conseguido mover a gente que va a objetar como nosotros también lo hicimos. ¡Ánimo maestro!

    4. padre objetor

      DasGretchen,
      gracias por tus ánimos. Era el desaliento propio de los altibajos del acontecer diario, fruto, además, de un malentendido. Sólo quería reflejar que somos de carne y hueso y no héroes.

    5. Tremendo, impresionante, estremecedor, es ver hasta donde puede llegar el radicalismo en una persona de un país presuntamente civilizado. Perdone pero, ¿de verdad semejante perorata fue berreada por esa persona refiriéndose a una asignatura obligatoria del currículo de la Educación Secundaria Obligatoria? Realmente da miedo porque, si analizamos con un mínimo detenimiento las palabras escupidas por esa mujer, nos encontramos ante una invitación a la violencia más extrema.

      “¡Luchar hasta el final! Incluso sin esperanza de vencer. Incluso en plena derrota. ¡Hasta la muerte!”

      Estas frases, que muestran un radicalismo a ultranza, no extrañarían a nadie si se oyesen salir del tan mentado Osama Ben Laden. Pero no, de nuevo presuntamente, son vomitadas por la boca de una mujer “menuda y fuerte” (¡!)

      “¡Combatamos sin tregua! Incluso (de nuevo) sin esperanza de ganar la batalla. ¿Qué importa el éxito?”

      ¿Cuál es el verdadero objetivo de la guerra? Si no espera ganarla, ¿Cuál es la alternativa a la derrota? Si no importa la victoria, ¿Cuál es el verdadero objetivo de su guerra? ¿De verdad le importa la educación de sus hijos? Por el contrario ¿no está declarando usted la guerra a una alternativa posible a su visión única y cerrada de ver el mundo?

      Si. Ésta ha sido la visión católica del mundo desde hace ya muchos siglos: luchar contra la diferencia, aniquilar lo que es distinto, exterminar lo que no se quiere parecer a mí. Provocaré guerras, luchare sin cuartel, torturaré, envenenaré, destriparé, degollaré con tal de preservar mis privilegios, de aumentar mis posesiones, de extirpar el oro de la tierra.
      Lucharé por ello sin que me importen los medios y las bajas porque, ¿Qué es un hombre? ¿Y quién es Dios?
      Por cierto, quizás no ha sido por un malentendido que esa persona se ha bajado del carro. Quizás ha visto la luz.

    6. Miguel,
      yo no he dicho que la frase entrecomillada pertenezca a ninguna defensora de la objeción. De hecho pertenece a una monjita que murió joven llamada Teresa de Lisieux. Se trata de una arenga para no desfallecer en la lucha. Y no es una lucha sino contra las debilidades y errores de uno mismo.
      Me alegra tener la ocasión de informarle que un buen católico lucha, principalmente, contra las propias limitaciones que le impiden entregarse a Dios y al la mejora de quienes le rodean. Entiendo que, en los tiempos que corren, este principio puede sonar ininteligible para muchos. Pero la cita está traída como acicate para la superación -lucha- personal a fin de evitar pensar en lo que nos conviene personalmente -desde el punto de vista egoísta- para poner el punto de mira en el bien ajeno.

    7. Ricardo Cuenca Martínez

      Una vez leí que los grandes hombres eran, generalmente, a sus propios ojos unos fracasados. ¿Porqué? Simple. Se habían marcado unos objetivos tan fantásticos, que lo logrado no daba la talla. Pero, a ojos del resto de la humanidad esto último era en sí mismo portentoso e increíble.

      Posiblemente, de no haberse exigido con tal magnitud nunca habrían alcanzado lo logrado.

      Sólo Dios sabe qué consigamos los padres objetores.
      Pero yo empiezo a detectar ciertos efectos colaterales, y muy sanos, del empeño. Un ejemplo: la sentencia de Cataluña que condena a la Administración a respetar la libre elección de centro realizada por los padres. Y es que todo este remolino de noticias, razones, argumentos, invocaciones de sentencias, preceptos jurídicos, tratados internacionales, etc, en muy buena parte propagados por internet, donde navega mucha gente con capacidad de decisión en muchos ámbitos, está suscitando unas cuantas verdades nunca aprendidas en España, entre ellas la libertad de educación.

      Mi conclusión como católico de fe, el dicho bíblico de CUMPLE TU OBLIGACIÓN Y CONFIA EN EL SEÑOR.

    8. padre objetor

      Cuánta razón tienes, Ricardo.
      ¿No es verdad que, además, se producen muchos “efectos colaterales” de orden interno?

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