(En el fondo) me importa un bledo la Educación para la Ciudadanía
Las asignaturas de Educación para la Ciudadanía son, es verdad, un grave ataque al derecho y exclusividad de los padres para decidir la formación moral de nuestros hijos. En esta batalla por restablecer nuestros derechos estamos empeñados. Y con este blog se pretende contribuir modestamente a esta causa.
Dicho esto, a fin de que no se malinterprete el título (que reconozco es un tanto provocativo), pienso que la EpC es tan sólo una pieza de una amenaza mayor en extensión y profundidad. Lo que nos estamos jugando no es sólo un adoctrinamiento -que ya de por sí es grave-, sino el establecimiento de un modelo de relación entre el Estado y los individuos donde es aquél quien determina cómo hemos de conducirnos y somos los ciudadanos quienes estamos a su servicio.
Según el modelo de Estado actual, es éste quien concede y otorga o deniega derechos a los ciudadanos. Es decir, que los derechos no dimanan de nuestra condición y como tales el Estado los reconoce. Ahora es el Estado quien determina si tengo derecho o no a educar a mis hijos según mis convicciones. Y es que yo carezco de otros derechos que los que el Estado quiera concederme. El positivismo jurídico que subyace en el proceder de este gobierno le convierte en un dispensador de derechos. El gobierno otorga derechos según su parecer y conveniencia (a los homosexuales para contraer matrimonio y adoptar, a los abortistas para incrementar los plazos y saltarse los supuestos a la torera, a las adolescentes para recibir la píldora del día después sin conocimiento de sus padres…). A falta de ayudas económicas, el Ejecutivo reparte derechos. Pero también los retira o restringe a conveniencia.
Así, ciñiéndonos al tema que nos convoca, empieza a repetirse que no somos los padres quienes tenemos derecho a educar a nuestros hijos, sino que son nuestros hijos quienes tienen el derecho de recibir una educación por parte del Estado. Es éste, por tanto, quien garantiza los derechos de nuestros hijos, que pasan a ser dependientes principal y jurídicamente del Estado. Las leyes de juventud pretenden ordenar la actuación de nuestros hijos, quienes han de dar cuenta al Estado de su comportamiento. Es un asunto entre los dos. El ejecutivo concede derechos y exige contraprestaciones.
Y los padres, ¿qué papel jugamos en esta relación del Estado con nuestros hijos? Sencillamente el que el Estado quiera permitirnos. Ahora somos nosotros los subsidiarios. Si actuamos de acuerdo a los principios del Estado (es decir, si realmente dejamos de influir en ellos para reconocer que son responsabilidad del Estado y abdicamos de nuestros derechos como padres) todo marchará bien. Por el contrario, si pretendemos influir en su conciencia y cuestionar la educación y la forma de vida que el Estado pretende imponerles, debemos ser apartados. Acabaremos sufriendo la retirada de la patria potestad. Ojalá me equivoque.
Releo lo que llevo escrito y me cuestiono qué grado de exageración hay en mis palabras. Admito que este panorama, o es una visión muy exagerada …o es muy preocupante. Ojalá haya mucho de exageración y poco de realidad.
Lo que sí es más constatable, a la vista de cómo se está desarrollando el conflicto entre los promotores y los detractores de la Educación para la Ciudadanía, es que hay miles de padres conscientes del peligro, luchando valerosamente con los medios que tienen a su alcance. Pero hay muchos más que, también conscientes, han optado por echarse a un lado y hacer la vista gorda. Porque no será para tanto. Porque todavía no me toca de cerca. Porque significarse acarrea problemas. Porque me he procurado un entorno a salvo de influencias externas. Porque para eso están el colegio, las asociaciones, los partidos políticos. Porque, en definitiva, se está más cómodo y caliente en casa viendo la tele. Y, a base de no pensar en ello, uno acaba por olvidarlo.
Y es que es esta actitud aburguesada -amodorrada por una abundancia de lo material- la que extiende una alfombra roja al intervencionismo estatal. Se juntan el hambre con las ganas de comer. El Estado pretende organizarnos la vida a su conveniencia y nosotros cedemos terreno porque es más cómodo. Así de fácil. Estoy seguro de que ni los más optimistas ideólogos del gobierno pensaban que esta ofensiva les iba a costar tan poco esfuerzo. Y, claro, ahora van a por todas.
Por eso digo que la Educación para la Ciudadanía me importa un bledo (con perdón). Claro que me importa, porque su oposición es la piedra de toque de lo que va a lograr esta ofensiva estatalista. Pero seamos conscientes de que esto, si se pierde, no acaba aquí. Por eso el movimiento objetor es una esperanza no sólo para la derogación o modificación sustancial de la EpC, sino para la consolidación de un movimiento social responsable y vigilante con los derechos de los ciudadanos, con especial sensibilidad hacia los más fundamentales.
La lucha contra esta EpC está despertando a muchos ciudadanos. Y así debe seguir. Es un revulsivo que, más allá de modificar la EpC, terminará por sensibilizar sobre la importancia de participación activa de la sociedad civil que ponga al Estado en su sitio. Esto es, al servicio de los ciudadanos.
© 2008, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.
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Saludos. No creo que exageres, pienso que sobre la sociedad en general se está extendiendo un manto de oscuridad. Quizá suene un poco apocalíptico, personalmente creo que lo es. Pero no hay más que ver cualquier libro de primaria para ver en que dirección vamos. La EPC solo es un punto más en el avance de esa oscuridad. Mis hijos tienen en sus libros duendes, brujas, y demás seres para-normales. En los colegios se promocionan libros como la serie de Hary Potter. El cine y la televisión golpean nuestras conciencias creando un endurecimiento general, como ejemplo, es normal que en cada serie de tv hay una relación homosexual .
En sus manifestaciones varias, están afectando, lo queramos o no nuestras conciencias. El motivo es que LA FAMILIARIDAD CONDUCE A LA TOLERANCIA. Desde tantas partes se promueve una filosofía contraria a los valores cristianos, no como alternativa, sino de forma casi impositiva, que resulta difícil tolerar.
Como creyente, creo que tengo que reaccionar, y no perder un día sin aportar algo a la vida de mis hijos, de lo que enseño el Señor Jesús. Sin tapujos, se habla en esta sociedad de formas de conducta contrarias a la enseñanza de la Escritura. Y a mi me corresponde hablar de mi fe, con la misma libertad que en los medios de comunicación, en la EPC, y desde el mismo gobierno se habla, de cosas contrarias a mis convicciones.
Mi radicalismo está basado en palabras como “amad a vuestros enemigos”. Lo que me convierte en una persona poco peligrosa ¿verdad? Pero mi amor hacia ellos, no significa aprobar todo lo que ellos hacen.
Si amigo, creo como tu que la EPC solo es una parte de…