Educación para la Ciudadanía a cara descubierta

Educación para la Ciudadanía a cara descubierta careta Tengo escritos ya un par de posts en este blog entresacando algunas frases de los promotores y defensores de Educación para la Ciudadanía: Perlas cultivadas y Perlas cultivadas sobre Educación para la Ciudadanía (II). Resultan tan explícitas que no cabe la crítica de haberlas descontextualizado.

Hoy, sin embargo, traigo a colación un artículo íntegro de uno de los promotores de la EpC a fin de que pueda el lector hacerse cargo de las dimensiones de la propuesta. Y es que las frases estridentes son la espuma de una ola cuya fuerza no puede percibirse hasta penetrar en su contexto. Para ello he escogido un breve artículo de Florentino Muñoz, Patrono de la Fundación Cives, Catedrático de Filosofía y Director de IES en Salamanca. La Fundación Cives se encuentra en el origen del desarrollo de la asignatura de Educación para la Ciudadanía en España -de la que elaboraron el borrador- y se lucra promoviendo cursos de formación del profesorado en EpC por toda la geografía española.

El artículo de Florentino Muñoz, que voy a comentar por secciones, se encuentra disponible en la web de Cives en el siguiente enlace:

http://www.fundacioncives.org/assets/files/FlorentinoElDebateE.C.pdf

Los subrayados son míos.

La educación para la Ciudadanía, imprescindible en nuestro sistema educativo

Pienso que ya va siendo hora de que seamos claros y sinceros, de que nos quitemos las máscaras con las que solemos encubrir nuestras debilidades y apechuguemos con sus consecuencias.

Bienvenida la hora en la que se decide por la sinceridad despojándose de la máscara. Otros procuramos conducirnos habitualemente con la verdad por delante, sin necesidad de máscaras encubridoras. ¿No es esta declaración inicial un tanto sobrecogedora? ¿Qué cabe esperar de quien confiesa que se oculta habitualmente bajo una apariencia?

Comencemos por dejar bien sentado que en un centro escolar existen dos tipos de miembros: unos esenciales de tal modo que sin cualquiera de ellos, el centro, la docencia, la información, aprendizaje y educación no funcionarían; y otros accidentales, o sea, que si alguno de ello no formase parte del centro, o dejase de hacerlo, no se notaría en la marcha del mismo, al menos esencialmente.

Observe el lector cómo su artículo parte de la consideración central del centro escolar, sobre el que van a girar sus integrantes cuyos cometidos y límites quiere establecer. Se trata, evidentemente, del establecimiento de la primacía de la estructura sobre las personas.

Ciertamente unos y otros, hasta cierto punto se complementan, se ayudan y es, por consiguiente, casi preceptivo arbitrar formas para que esa ayuda y complementariedad sea efectiva, que no interrumpa los objetivos esenciales sino que cooperen en alcanzarles de la mejor forma posible. Entre los elementos esenciales sólo encontramos dos: el profesorado y sus respectivas funciones, y el alumnado, con las suyas. Y nadie más. Con estos dos elementos, ordenados, estructurados, organizados y cumpliendo cada cual sus misiones, el centro funcionaría, al menos de forma elemental y podría cumplir sus objetivos de información, formación y educación. ¿Los accidentales, circunstanciales, prescindibles en la información y el aprendizaje? son varios: personal del administración y servicios, mantenimiento, y madres y padres. Sí, es en este segundo grupo en donde entran, de forma importante los progenitores; pero no en el anterior, no son esenciales, imprescindibles y por consiguiente, y sintiéndolo mucho, no puedo aceptar las pretensiones de esos colectivos de padres y madres que pretenden hacer de los centros educativos hogares de sus caprichos y decisiones y, de los alumnos y profesores, muñecos de sus voluntades: “Tenemos derecho a decidir por nuestros hijos e hijas, la educación que se les da”.

Según el profesor Muñoz, los elementos esenciales en el proceso educativo son los profesores y los alumnos. Por si hubiera alguna duda enfatiza “Y nadie más”. Los padres somos, por tanto, “accidentales, circunstanciales y prescindibles” y, para que no quede lugar a dudas -ya que se ha quitado la careta- nos sitúa en el último lugar del escalafón, tras el personal de administración, servicios …y mantenimiento.

Para justificar este dislate, mezcla churras con merinas: evidentemente los padres no tenemos derecho a “hacer de los centros educativos hogares de nuestros caprichos y decisiones y, de los alumnos y profesores, muñecos de nuestras voluntades salvando el hecho de que “los alumnos” son nuestros hijos. Singulares experiencias ha debido haber tenido el profesor Muñoz, pero yo diría -y gran parte de los profesionales de la educación avalan esta tesis- que los padres, más que inmiscuirnos en el funcionamiento de los centros, gozamos de una saludable apatía por la que no se nos ve el pelo por el centro en todo el año. Ahora bien, aducir esta intromisión que denuncia el profesor ¿significa negar a los padres el derecho a decidir la educación que reciben sus hijos? Fíjese el lector cómo, desde una posición de centralidad, Muñoz “soporta” a los padres negándoles el derecho a elegir la educación que les parece conveniente so capa de que resultan una intromisión y un desajuste para el centro. Es lo que se llama tomar la parte por el todo.

Efectivamente, la educación es gran media asunto de los padres, en sus domicilios, en sus familias; pero en tanto que educación social, es el centro, el referente; efectivamente, tienen derecho a intervenir, no sólo eso, deben cooperar y ayudar al especialista en su trabajo, sobre todo en el ámbito externo del centro y también participando en las estructuras internas, en el Consejo escolar, en un posible órgano colectivo de dirección, en las reuniones de madres y padres, en las actividades organizadas por ellos, con ellos y para ellos en el centro, etc, etc. pero no como algunos pretenden, estableciendo el qué, el cómo y cuándo enseñar; a través de qué libros, materiales y estrategias pedagógicas, etc. Pueden, ciertamente, elegir el centro dónde educarles, tal y como lo estimen, pero de ningún modo pueden pretender decir a los profesionales, sean de la materia que sean, qué y como deben o no enseñar. Es como si unos padres con un hijo enfermo acudiesen al médico para que éste les diese sólo lo que ellos quieren para su hijo, aún en contra del propio especialista.

Volvemos a las andadas: los padres sólo debemos ocuparnos de la educación en el ámbito familiar, en el interior de nuestros hogares. Lo que no debemos es inmisvuirnos en la programación y docencia del centro escolar. De acuerdo. A no ser que el centro escolar se tome la libertad de procurar una educación moral de nuestros hijos contraria a la que deseamos los padres. Y es que, profesor Muñoz, en este asunto de la EpC no hemos sido los padres los que nos hayamos inmiscuido en la enseñanza de los centros. Son los centros los que, cumpliendo la EpC, pretenden “reconstruir” la moral de nuestros hijos. No compare la alarma de los padres ante un adoctrinamiento injusto con una intromisión técnica en el funcionamiento de los centros escolares.

Otro asunto polémico, sobre todo desde que La Iglesia, la misma que al iniciarse la lucha por los derechos del hombre se negase y opusiera férreamente a los mismos, la que lleva años y años practicando la igualdad entre hombres y mujeres: existen monjes y monjas; pero, ¿Curas y…? ¿Papas y …? ¿No se ha relegado, y se sigue relegando, la labor de las mujeres en el ámbito eclesiástico a meras sirvientas de los señores sacerdotes, obispos, papas…

A los imprescindibles ataques a la Iglesia no voy a contestar, porque no es el objeto de este blog y porque el menos avezado percibe el tufillo obsesivo y desconocedor de la realidad eclesial que sus palabaras manifiestan.

No es de extrañar, por consiguiente que un arzobispo alce su voz y grite contra la “Educación para la Ciudadanía”, que propugna una educación igualitaria en derechos y obligaciones entre hombres y mujeres, que toma como bandera los Derechos Humanos, la Justicia, la Libertad alcanzable, que no se justifica en un hipotético más allá desconocido para todos y todas. La acusación de adoctrinamiento contra la nueva materia se lanza, curiosamente, desde sectores que llevan siglos y siglos adoctrinando, que hacen de su doctrina bandera, santo y seña. Ciertamente, también la Educación para la Ciudadanía adoctrina: tiene unos contenidos, unos objetivos que cumplir, unas estrategias para lograrlos, como cualquier otra materia y sí, adoctrina en el respeto de todas las opiniones, adoctrina en el conocimiento de los preceptos constitucionales españoles, europeos, estatutarios, etc.; adoctrina en el ejercicio de la libertad, de la ciudadanía, de la participación, de la democracia, de la educación vial; adoctrina en la igualdad de todas las personas; adoctrina para resolver los conflictos mediante el diálogo, la tolerancia, el respeto, y no a través de la fuerza, el desprecio, la violencia. ¿Adoctrina, o más bien informa, prepara y forma personas responsables, libres, solidarias, etc.?

En este punto utiliza el argumento de “como tu lo has hecho hasta ahora, es el momento de la revancha y hacerlo yo”. Usted afirma que la EpC adoctrina. En eso estamos de acuerdo. Porque pretende, no enseñar conocimientos, sino procurar que los alumnos ASUMAN como propias las doctrinas de la EpC y SE COMPORTEN de acuerdo con estas. Eso es adoctrinar y excede las competencias de la escuela. Y no vayamos a descubrir ahora que las familias no procuramos formar “personas responsables, libres, solidarias, etc.” Se ve que usted, y todos los partidarios de la EpC, han tenido la suerte de no nacer en una familia, sino en el mismísimo Ministerio de Educación y Ciencia de la Ministra Cabrera. De haber sido educados por una familia, hubieran resultado unas personas ultras, insolidarias, machistas y homófobas.

En este sentido, y tras revisar los objetivos generales, no encuentro ninguna forma legal, constitucional, ni siquiera vital, que justifique mínimamente una posible objeción de conciencia. ¿A qué van a objetar? Al temario, al profesor, a la doctrina. Los que así piensan me recuerdan a aquel padre que, enterado de que el profesor de química de la universidad llevaba tres meses enseñando a su hijo a fabricar explosivos,  denunciase a la materia por terrorista y solicitase la retirada de los planes de estudio de la misma y después, la objeción de conciencia si no le se escuchaba. La Educación para la Ciudadanía tiene los contenidos que tiene: objetivos, universales, explícitos, etc. lo que con ellos hagan los profesionales, en los que sinceramente confío, será competencia exclusiva de ellos y no de la materia.
Tengo muy claro que la Educación para la Ciudadanía es no sólo necesaria, como reconoce la Unión Europea, sino imprescindible en un país como el nuestro sometido largos años a una única fuente informativa de los valores, sus valores, y empeñada en hacernos pensar que no había otra ninguna fuente de los mismos y por consiguiente, no había otros valores.

Muñoz, usted no encuentra legalidad que justifique la objeción. Ya se ve que no es lo suyo. Decenas de magistrados si lo han hecho. Hombre, y el ejemplo del profesor que se pasa tres meses enseñando a fabricar explosivos es un poco flojo. Además de ser merecedor de una denuncia por inducción al terrorismo, seguro que fue incapaz de acabar de enseñar el programa de química. También encuentro un poco torpe la alusión al revanchismo moral contra la Iglesia. Pero, claro, a cara descubierta, para qué vamos a engañarnos…

Lo único que me parece que debo reivindicar es que se han quedado muy cortos al asignar tan sólo 35 horas en cada uno de los cursos a impartir en la ESO; estimo que, dado lo extenso del temario en ambos, en el decreto de mínimos debieran haber figurado 50 horas, como en primaria, al menos; sería deseable que las comunidades autónomas y las nacionalidades incrementasen otras tantas en sus respectivos ámbitos para empezar a unirnos al resto de Europa, al menos en ciudadanía.

A estas altura ya imaginamos que usted desea una buena dosis de medicina para nuestros hijos. Pero si pretende equipararse con Europa sepa usted que en el resto de países la media de horas lectivas totales de EpC ronda las 20, mientras en España están estipuladas 190. ¿Y por qué tanta diferencia? Simplemente porue en el resto de los países se limitan, como sugiere la Unión Europea, a explicar las instituciones comunitarias, los derechos humanos y a estimular la participación democrática. En España, además, se han empeñado ustedes en hacernos un lavado de cerebro para que las futuras generaciones ASUMAN y SE COMPORTEN moralmente como ustedes quieren. Y eso, profesor, muy a su pesar, vamos a procurar evitarlo. Nosotros no nos metemos en la organización de su centro. Usted no se meta en nuestra casa.

© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.


Entradas relacionadas:

  1. Educación para la Ciudadanía ya está en Primaria. Claves distintivas ¿Le han informado en el centro escolar de sus hijos que este curso se implanta la asignatura de Educación para la Ciudadanía en el tercer ciclo de Educación primaria (5º...
  2. Educación para la Ciudadanía no es un debate académico Conozco personalmente bastantes estudiosos de la Educación para la Ciudadanía. Y es que la Ciudadanía es un tema que lleva debatiéndose en los foros académicos europeos desde hace bastantes años....
  3. Diez claves para saber si el centro donde lleva a sus hijos está en contra de Educación para la Ciudadanía Que la oposición a esta Educación para la Ciudadanía es responsabilidad de los padres lo tenemos asumido. Pero algo tendrán que decir al respecto los centros docentes que son, al...
  4. Educación para la Ciudadanía: ¡ya llegan los inspectores! Ya lo avisaba hace un año: una vez que los centros escolares han abierto la puerta a la Educación para la Ciudadanía tranquilizando -en muchos casos- a los padres con...
  5. Carta de una madre a su APYMA sobre Educación para la Ciudadanía Querida APA, En menos de un mes se celebrará la Junta de Socios, con motivo del comienzo del curso. Hay una nueva asignatura de gran polémica en el currículo de...
Enviar por mail esta entrada Enviar por mail esta entrada
Imprimir esta entrada Imprimir esta entrada

7 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

    Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….

  2. Algunos deben estar poniéndose nerviosos y no se les ocurre mejor manera de “defender” EpC que quitarse la másca y ¡decir la verdad sobre su contenido adoctrinador!

    Y es que la Verdad cae por su propio peso, a su tiempo…

    Muy bien desenmascarado, padreobjetor!!

    Un abrazo!

  3. Juan del Río.

    Oigan, pues a mí el artículo de Florentino Muñoz me parece excelente, ponderado y muy esclarecedor. Igualmente loable me parece que el
    titular del Blog transcriba integramente el referido artículo. Quizá así se puedan entender las posturas de uno y otro mejor que con los furibundos y apocalípticos comentarios de alguno de los seguidores de estas páginas.
    Gracias por su atención.

  4. padre objetor

    Juan,
    gracias a usted por su comentario. Aquí procuramos debatir con argumentos. Y entendernos ya es un valor positivo con independencia de que discrepemos. Que es un poco la salsa de la vida.

  5. En el tercer párrafo se le cae la casa al Señor Muñoz. Si en el colegio los profesores y niños son los únicos esenciales, EL GOBIERNO SOBRA; cuando los profesores preparen esta asignatura o los niños la pidan, hablamos.

    Si el Gobierno tiene voz, voto y ley, los padres tenemos voz, voto y patria potestad.

    Que Dios nos ayude en esta dictadura socialista atea.

  6. Hola

    Me ha parecido alucinante el artículo de este señor. Lo que no acabo de entender de estos “pogres resentidos” es que, con la misma vehemencia que atacan a los padres, a Iglesia y a sus supuestas “discriminaciones” pidiendo “silencio y ostracismo”, luego ellos tengan la potestad de alzar la voz ante los crucifijos cristianos en las aulas para que se “respete a todos” y no “discriminar” a otras religiones que, sin embargo les parecen “estupendas y enriquecedoras” (lo cual no niego en absoluto) aunque no entiendo que esas sí les resulten “progres y democráticas”, como la musulmana, la judía o la budista…ya que, apoyándome en sus tesis de la igualdad, otra cosa no será, pero la “igualdad entre hombres y mujeres” está garantizada” (como supongo habrán reflejado en los textos de Ciudadanía, fotos incluídas), ¿verdad?.

    Es ceguera (o empanada) mental crónica. Respeto y libertad (de la buena), para todos, ¿no?, ya que, según él dice…”Los padres calladitos” y “los que profesen una fe…también”…¿O se refiere sólo a los padres objetores y a los católicos? Parece que la vara de medir, no es muy ecuánime.

    Por otra parte, yo desde luego, no sé qué entenderá por “libertad de enseñanza” (me hago una idea difusa); pero sea lo que sea, desde luego no se parece nada a lo que existe en España, donde, a diferencia de lo que este señor afirma, los padres NO podemos elegir para nuestros hijos el tipo de educación, ni de colegio que nos gustaría….a lo mejor él sí, y aunque así fuera, le recordaría, que, si no estoy equivocada, el 55 % de los contenidos curriculares de las asignaturas, están fijados por el Ministerio…

    Demagogia barata y vacía, igual que la asignatura que defiende.

    De tal palo, tal astilla.

    Un saludo

  7. Cris,
    un saludo para tí. A ver si te pasas más por aquí y haces algún comentario con tanto desparpajo como este, porque esto es como para tomárselo a risa …o echarse a llorar.

Escribir un comentario