Carta abierta de un padre objetor al nuevo Ministro de Educación

Carta abierta de un padre objetor al nuevo Ministro de Educación ministro1 Excelentísimo Señor:

quisiera, primeramente, felicitarle por su nombramiento, aunque no se me oculta que se hace cargo de un ministerio en el que los problemas que le aguardan quizá no lleguen a concederle los cien días de cortesía.

Espero de su talante que reciba a los padres objetores a las asignaturas de Educación para la Ciudadanía para que podamos explicarle de primera mano nuestras reivindicaciones sobre la materia. Su predecesora en el cargo nunca quiso recibirnos contraviniendo uno de los principios que la asignatura pretende extender: el diálogo como medio para la resolución de conflictos. Todo un ejemplo para nuestra juventud.

Como los padres objetores no tenemos intención de alargar un conflicto del que somos víctimas, teniendo en cuenta, además, los retos educativos de gran calado que tenemos planteados en este país (el incremento de la calidad educativa, la incorporación del plan Bolonia), quisiera facilitarle tres reflexiones que pudieran contribuir a solucionar el conflicto creado por los Reales Decretos que regulan la Educación para la Ciudadanía.

En primer lugar, manifestarle que los padres objetores no nos oponemos a que se enseñe a nuestros hijos Educación para la Ciudadanía. Las virtudes cívicas, cuyos fundamentos se siembran en la educación familiar, han de desarrollarse en la escuela para que se produzca el arraigo necesario que haga de nuestros hijos hombres completos y ciudadanos activos. Lo que no podemos consentir es que, so capa de una enseñanza de los valores constitucionales, se les adoctrine haciendo pasar por virtudes ciudadanas valores y visiones partidistas que exceden con mucho de los valores constitucionales comúnmente admitidos.

En segundo lugar, discrepamos de que los contenidos de Educación para la Ciudadanía pretendan sustituir los valores transmitidos en el seno de la familia. Reza así, por ejemplo, uno de los objetivos de la asignatura: “La dimensión ética de la competencia social y ciudadana entraña ser consciente de los valores del entorno, evaluarlos y reconstruirlos afectiva y racionalmente para crear progresivamente un sistema de valores propio y comportarse en coherencia con ellos al afrontar una decisión o un conflicto.” EpC, además, establece como criterio de evaluación que los alumnos ASUMAN y SE COMPORTEN de acuerdo con los valores transmitidos. Y no podemos admitir que se exija a nuestros hijos la asunción de valores discutidos y partidistas que contradigan los valores propuestos por su familia.

En tercer lugar, tras discrepar en el alcance de los objetivos y criterios de evaluación de las asignaturas de educación para la Ciudadanía, discrepamos en muchos de sus contenidos. Para hacerse una idea cuantitativa, la media de horas lectivas totales de EpC en el resto de la Unión Europea viene a ser de 20 horas, mientras que en España es de 190. ¿Cuál es la razón de este incremento? Pues, simple y llanamente, que las asignaturas españolas incluyen una gran cantidad de contenidos que escapan de la mera transmisión de los valores constitucionales y los Derechos Humanos. Así, dedican gran parte de sus contenidos a los aspectos afectivos, a la sensibilidad, a la formación de juicios morales y otros aspectos que nada tienen que ver con una transmisión de valores constitucionales. Por si fuera poco, los contenidos están propuestos asumiendo algunos planteamientos ideológicos como son el relativismo moral, el positivismo jurídico o la ideología de género que, siendo enfoques respetables, no son en absoluto universalmente compartidos y, por tanto, como recientemente ha establecido el Tribunal Supremo, no deben ser materia de la asignatura: las materias que el Estado califica como obligatorias “no deben ser pretexto para tratar de persuadir a los alumnos sobre ideas y doctrinas que -independientemente de que estén mejor o peor argumentadas- reflejan tomas de posición sobre problemas sobre los que no existe un generalizado consenso moral en la sociedad española“.

Señor Ministro, podemos -y debemos- solucionar el conflicto creado por Educación para la Ciudadanía. Estoy convencido de que su condición de Catedrático de Filosofía le facilitará la comprensión de nuestras reivindicaciones, que no son otras que la defensa de la libertad y el pluralismo. Debiéramos, entre todos, establecer unas asignaturas objetivas y consensuadas, libres de todo objetivo adoctrinador. Los padres tenemos, más que el derecho, el deber de formar a nuestros hijos en unas convicciones morales que les faciliten ser mejores y hombres y, por tanto, mejores ciudadanos. Y en este empeño no estamos dispuestos a dar ni un paso atrás.

© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.

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3 comentarios

  1. La carta está muy bien y es muy coherente, como todo lo que se ha hecho hasta ahora…lo malo es que no hay más ciego que el que no quiere ver…así que, no sé…la esperanza es lo último que se ha de perder.

    Por cierto y hablando de Esperanza…¿Cómo ha quedado el tema de la objeción para los que vivimos en Madrid? Oí algo cuando salió la sentencia, pero no lo tengo claro; ¿Se sigue respetando la objeción y se ofrece una alternativa a los alumnos objetores o ya no? A mi hijo le toca el año que viene y sinceramente, sigo sin saber qué es lo que tenemos que hacer si hemos objetado.

    Gracias

    Un saludo

  2. Cris,
    gracias por tus comentarios. Esperemos que el curso que viene no tengas que enfrentarte a este problema. Tenemos que poner, ahora, toda la carne en el asador.

  3. [...] De diario de un padre objetor Excelentísimo Señor: [...]

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