Adela Cortina: objeción a la carta
Dos semanas después de las declaraciones de Peces-Barba reclamando la objeción de conciencia ante la ley de educación catalana, es ahora Adela Cortina quien se mete en el mismo charco.
Publica hoy, 22/07/09 en El País un artículo al respecto titulado “Conciencia y calidad de la democracia” en el que reivindica la objeción de conciencia para los representantes políticos. Si ya te digo yo que, al final, se puede objetar a todo menos a Educación para la Ciudadanía. Menudo ojo que hemos tenido algunos…
Lo que me llama la atención del discurso de Adela Cortina no es su reivindicación de la objeción de conciencia para los políticos:
¿Qué sucede -por ejemplo- cuando los partidos políticos se niegan a dejar libertad de conciencia a sus miembros a la hora de votar en situaciones especialmente conflictivas para ellos?
¿qué hace un militante que está de acuerdo con su partido en la mayor parte de las propuestas pero se siente incapaz de apoyar algunas porque se lo impide su conciencia?
(…) esa misma calidad de la democracia reclama que los miembros de los partidos ejerzan su libertad de conciencia, porque mal pueden contagiar pluralismo instituciones monolíticas
porque, como advierte reiteradamente Navarro-Valls, el afán normativizador de un Estado con tics totalitarios está provocando un Big-Bang de las objeciones de conciencia. Dicho de otra manera: si el Estado no deja de meterte el dedo en el ojo no te queda otra que gritar.
Y es que la objeción de conciencia es la fiebre que revela un Estado enfermo de intervencionismo.
Decía que no me choca la extensión del derecho de objeción de conciencia que reclama Cortina, sino el empleo de argumentos literalmente contradictorios con los que habitualmente emplean los defensores de la EpC que se oponen al reconocimiento de la objeción frente a su asignatura.
Peces-Barba:
“la objeción de conciencia se produce si la ley lo permite”, algo que en España sólo es posible en el caso de la despenalización del aborto.
Gregorio Peces-Barba, San Lorenzo de El Escorial (Madrid), 25 junio del 2007.
Victorino Mayoral:
la objeción de conciencia contra dicha asignatura (EpC) es “inconcebible” y carece de base legal, por lo que “estamos ante una desobediencia civil promovida por algunos con unos planteamientos bastante fundamentalistas”.
Victorino Mayoral, Presidente de la Fundación Cives y ex diputado socialista, Universidad Complutense, 6/8/2008.
…y Adela Cortina:
“La objeción a Ciudadanía es un atentado al sentido común”
Adela Cortina, El País, 7/9/2008
A estas alturas han dejado claro que la objeción de conciencia a EpC no cabe porque no está contemplada en el ordenamiento jurídico. (Y yo me pregunto, por cierto, ¿qué tipo de objeción de conciencia es aquella que debe estar reconocida previamente en el ordenamiento jurídico que suscita dicha objeción?).
Pues bien, la misma Adela Cortina reconoce en su artículo que limitar la objeción de conciencia a los casos tipificados es, precisamente, una argumentación inconsistente:
En estas sociedades existe la objeción de conciencia; claro está, que cualquier ciudadano puede presentarla cuando considera que una ley viola sus convicciones más profundas, aunque sólo se reconocerá el derecho a ejercerla en los casos tipificados a tal efecto, y lo que pase de ahí es desobediencia civil. Pero en esta vida no todo se agota en los reconocimientos legales ni queda asegurada la supervivencia de la conciencia personal porque exista el derecho a objetar en determinados casos. ¿Qué sucede -por ejemplo- cuando los partidos políticos se niegan a dejar libertad de conciencia a sus miembros a la hora de votar en situaciones especialmente conflictivas para ellos? ¿No es entonces la disciplina de voto una versión suave de la obediencia debida para estómagos democráticos?
En fín, que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Objeción a la carta, ya te digo.
Para finalizar, no me resisto a transcribir el párrafo final del artículo de la señora Cortina:
Por supuesto que el que expresa su libre conciencia se puede equivocar, por supuesto que existen los iluminados peligrosos. Pero bien puede ocurrir que una persona, a pesar de intentar aceptar al máximo lo que le une a la mayoría, de un partido o de una sociedad, acabe pronunciando la famosa frase de Lutero: “No puedo más, aquí me detengo”. En un sentido o en otro. Anular esa posibilidad es apostar por la Raza, por el Estado o por el Partido, por lo contrario de la sociedad abierta.
Reléalo si le hace falta, frótese los ojos y respóndame el lector ¿No es este alegato el frontispicio intelectual del movimiento objetor a Educación para la Ciudadanía? Lo que hay que tragar.
© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.
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[...] Diario de un Padre Objetor [...]
Pero vamos a ver, ¿aquí quién ha negado el derecho a la objeción de conciencia? ¡Pero si es un invento laico que la moral católica tachó de delirio! Intente usted objetar del catecismo, a ver si no lo excomulgan. Hasta inventaron la excomunión “letae sententiae”, aprovechando que Dios está en todas partes, para que así no se les escape ni un desobediente. ¿¿Con qué autoridad moral puede pedir un católico libertad de conciencia en el seno de un partido político o de cualquier otra organización??
Lo que los defensores de EpC hemos dicho desde el principio es que la objeción se trata de una cosa delicadísima que hay que regular y justificar muy bien, porque si no el Estado de Derecho saltaría por los aires. Lea a Marina y a Peces Barba, que han repetido esto hasta la saciedad. Un requisito imprescindible es que la ley en cuestión reconozca de antemano el derecho a objetarla, y además establezca los criterios y los mecanismos de manera bien clara. O al menos que se requiera un acuerdo parlamentario significativo para incluirse la objeción. Lo que no puede es llegar un padre y decir: ¡Ala, niño hoy no vas al colegio porque no comulgo con el teorema de Pitágoras! ¿Qué cachondeo sería ese?
Hola a todos:
¡Uf!, ¡qué pereza!. Llevamos más de un año de razonamientos y contra-razonamientos y aparece de nuevo el señor Urbek con uno de los más manidos y demagógicos de los primeros tiempos, sacando a pasear al bueno de Pitágoras.
Mire usted, señor Urbek, una ley para la que se tenga que regular la objeción de conciencia es absurda, porque equivale a decir “Quien quiera, que la cumpla. Para el que no quiera, no pasa nada, tenemos otra”. ¿No es ridículo?. Eso equivale a crear leyes “optativas”.
La objeción de conciencia es un mecanismo de defensa contra las leyes injustas. Supone sacrificios y enfrentarse, como no, al poder establecido. Ahí es nada. Pero para los que tenemos conciencia, ésta está por encima de la ley. Tremendo, pero simple. Así es la libertad, ¡qué le vamos a hacer!. Eso sí, no se olvide que sufrimos las consecuencias de dicha decisión. Sin ir más lejos, a nuestro hijo le han puesto un 1 en EpC. Al menos hasta que alguien con sentido común retire esa asignatura aberrante por manifiestamente injusta y adoctrinadora.
Y no me mezcle usted la excomunión en todo este asunto, no me sea demagogo. La excomunión es algo que se lo gana uno simplemente porque así lo decide. Es sencillo. Si no acepto las normas del catolicismo… es que no soy católico. No veo problema en ello. La comunión es un sacramento que te invita a la “común unión” con Cristo resucitado, ¡casi nada!, ¡cómo para tomárselo a la ligera!. Así, pues, la excomunión solo le preocupa a un católico. Al resto les importa un bledo, o un comino, lo que usted prefiera.
Pero no se preocupe, que el Señor es misericordioso y nos ha regalado con otro sacramento, el del perdón. Lo digo simplemente por si algún día Él decide encontrarse con usted.
Lo que sucede es que ustedes han confundido objeción de conciencia con impunidad, y no es lo mismo.
De todas formas, la presente entrada se refiere a las diferentes formas de ver una misma cosa, según conviene o no. “Objeción a EpC, no, que la EpC es cosa nuestra. Objeción a la ley de educación catalana, por supuesto, que eso es invento de otros.”
Enfín, para qué más. ¡Ah!, y no me venga ahora comparando que si la Iglesia católica esto, que si la Iglesia católica lo otro. No confunda lo que son “propuestas” con lo que son “imposiciones”. La Iglesia propone un modelo, pero obviamente no puede imponerlo. El Estado, por contra, impone. Sin más.
Que Dios les bendiga.
David.
P.D.: Por cierto, que nuestro hijo a sacado un sobresaliente en matemáticas. ¡Pitágoras estaría orgulloso!.
Urbek,
dejando a un lado sus referencias a la historia de la Iglesia, que ni entiendo ni vienen al caso, le contestaré: ¿quién niega el derecho a la objeción? Pues, por ejemplo, como reflejo en el post, Peces-Barba, Mayoral y Cortina. Usted también cuando pretende ridiculizar la objeción a EpC. Nadie objeta al teorema de Pitágoras como nadie objetó a la mili por el color de las botas del uniforme. Menos demagogia, por favor.
David dixit: “Pero para los que tenemos conciencia, ésta está por encima de la ley”
Perfecto oiga. No sólo pretende usted desregular la objeción, sino que va más allá y se declara inimputable, un ser absolutamente por encima de la ley, y además nos tacha a los que nos sometemos a ella de faltos de conciencia. Acaba de fundar usted el ultra-anarquismo católico.
” Si no acepto las normas del catolicismo… es que no soy católico.”
Jaja. A creer eso es a lo que le lleva no saber lo que es la verdadera libertad de conciencia. No, no. Si el sistema normativo católico fuese ético usted podría disentir sin temor a ser excomulgado, pues podría justificar su disensión mediante un mecanismo preestablecido y, llegado el caso, ésta podría incluso a llegar a modificar los principios de la Iglesia Católica. Desgraciadamente el catolicismo condena la objeción de conciencia, y los miembros de la Iglesia sólo pueden considerarse como tales si comulgan permanentemente con los dictados de su lider. Usted no puede ni pensar injusto un principio del catecismo siendo católico. En el momento en el que lo haga es expulsado “latae sententiae”, y ya es un hereje. Lo único que le resta es pedir perdón por la disensión y volver al redil, o condenarse para siempre. Eso es la definición exacta del totalitarismo ideológico, del que el político no es más que una aplicación práctica.
Padre Objetor dixit: “Nadie objeta al teorema de Pitágoras como nadie objetó a la mili por el color de las botas del uniforme. Menos demagogia, por favor.”
Eso lo dirá usted. Si fuera americano sabría perfectamente que hay quien se declara creacionista y objeta a que la edad de la Tierra es 4500 millones de años y que las especies provienen unas de otras por evolución. La objeción al servicio militar estaba prevista por la propia ley, como debe ser en cualquier país civilizado.
Urbek,
simplemente decirle que su afirmación “hay quien se declara creacionista y objeta a que la edad de la Tierra es 4500 millones de años y que las especies provienen unas de otras por evolución” revela su falta de conocimiento de lo que es la objeción de conciencia.
Nadie objeta a un dato. Objeta al cumplimiento de una ley que se opone al dictamen de su conciencia. Lo suyo es discutir sin fundamento.
Hola a todos:
Solamente un par de comentarios, sin más. Espero que el señor Urbek no me los manipule demasiado maliciosamente.
Pertenezco a un club de natación. Una de las normas consiste en que no puede uno cambiarse el bañador en las gradas de la piscina. Me podrá parecer estúpida la norma, pero si quiero pertenecer a ese club, deberé respetarla. En caso contrario, puedo optar por acudir a otro club. Siempre podré dirigirme a la secretaría a manifestar mi oposición a dicha regulación, intentar que la cambien e incluso podré cambiarme el bañador en las gradas y exponerme a la expulsión del club o a una sanción, pero hacerlo como forma de protesta o de presión. Es lo normal (lo ajustado a la norma). El ejemplo es un poco simple, pero espero que lo entienda.
La Iglesia católica es muy flexible, hay una grandísima variedad de católicos, pero hay unas normas básicas que definen lo que es ser católico y lo que es no serlo. No nos engañemos, hay un montón de personas que quieren que la Iglesia diga lo que ellos quieren. Pero la Iglesia no puede hacer eso, le guste o no.
El “totalitarismo ideológico” que usted nombra consistiría en imponer las normas de la Iglesia católica a todo el mundo, por la fuerza y mediante coacción, sea o no católico. Eso no es así. La Iglesia, como ya le he dicho antes, no impone, sino que propone. Uno es libre de aceptar o no esas propuestas, de ser o no católico.
Y no, no digo que esté por encima de la ley, ni que sea inimputable. Si lee un poco intentando entender lo que le he dicho, verá que hablo de asumir las consecuencias de las decisiones tomadas. Así, pues, si incumplo una ley soy castigado por ello. La objeción de conciencia te lleva a asumir ese castigo. Eso es lo que hacemos los padres objetores y, desgraciadamente, nuestros hijos.
Hay leyes que no comparto, pero que asumo. Otras son sencillamente inasumibles, porque van directamente contra mi conciencia. Por ejemplo, puedo asumir que los homosexuales tengan derecho a casarse en relación de igualdad con los casamientos de los heterosexuales. Puedo también disentir con esa norma e intentar que no se promulgue, pero aceptarla en caso de que se haga, aún a disgusto. No puedo asumir que me obliguen a hacerme partícipe de ello, por ejemplo, si soy juez, a celebrar una de esas “bodas”. Es un ejemplo.
La objeción de conciencia tiene sentido cuando la ley se impone. Si la ley permite una supuesta “objeción de conciencia”, es que esa objeción realmente no es tal, dado que lo único que se hace es cumplir la ley según ella misma dispone en sus posibilidades.
Actualmente ya no existe al “mili”, pero cuando existía, los objetores pagaron un precio. Gracias a ellos, la “mili” ya no existe. Cuando se permitió la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio, éste dejó de exister como tal, y con él dejó de existir la propia objeción de conciencia, ya que no se puede objetar a algo que no existe.
No tacho a los que se somenten a la ley de faltos de conciencia. Simplemente su conciencia no le indica que esa ley es injusta o bien usted no quiere escucharla, que también cabe la posibilidad. Pero no me negará que hay casos en los que se acatan las leyes simplemente porque resulta mucho más cómodo a corto plazo que escuchar a la propia conciencia (i.e.: “obediencia debida”). Por otra parte, el objetor a una ley, realmente se somete a ella, toda vez que acepta el castigo impuesto, mal que le pese. Simplemente elige en libertad. Los mártires son el paradigma del objetor de conciencia.
Que Dios les bendiga.
David.
Eso es lo que pasa: que el Sr. Urbek se cree que la Iglesia Catolica es como un Club Social.
Desarrollemos el simil…
Imaginemos que el Sr Urbek deseara entrar en un Club que tiene 2000 mil años de antiguedad. En realidad al Sr Urbek, no le gusta nada el Club, ni lo que se dice ni lo que se hace en el.
Pero digamos que el Sr Urbek se empeña y para poder entrar propone cambios, uno tras otro, hasta que se ajusta a lo que a *EL* le gusta.
Es ese momento, el Club ya no se pareceria en nada a lo que habia sido… y como tengo calado al Sr Urbek, en un gesto de soberbia final, decide no entrar en el Club, pues su unico objetivo era cargarselo…
Afortunadamente, el Sr Urbek, no tiene ni por asomo la capacidad de que tal cosa sucediera… pero en mi pueblo a eso lo llaman el “perro del hortelano”
Él prefiere ignorar que la Iglesia Catolica es Obra de Dios, contruida sobre Roca solida.
El Sr Urbek, podria vivir muy tranquilo con sus increencias dejandonos a nuestros con las nuestras, pero no, ahi esta él: erre, que erre…
¿Es que no tienes bastante con tu blog?
jagarsoft, en primer lugar, la defensa de los principios éticos nos atañe a todos, independientemente del ámbito donde éstos sean puestos en entredicho. Si la Iglesia Católica no es democrática y condena la libertad de conciencia en su seno mi obligación moral como persona comprometida con el avance ético de la sociedad es denunciarlo.
En segundo lugar, doy por supuesto que quien a sí mismo se hace llamar católico es porque algún aprecio le tendrá a la Iglesia Católica, y que no es ningún peligroso masón, ateo o bolchevique que después de arduos esfuerzos haya conseguido que lo bauticen. Esto viene reforzado por un hecho contundente: TODOS (en nuestro ambiente cultural, salvo escasas excepciones) somos introducidos en el catolicismo cuando aún no podemos negarnos a ello. Es absolutamente normal que alguien introducido a la fuerza en una organización se le ocurra en algún momento de su vida reaccionar ante los dictados de sus dirigentes. Los hay que tratarán de seguir en ella conservando lo positivo y modificando lo que vean mal, y los habrá que directamente la abandonen (aún con todas las trabas que la Iglesia impone para apostatar).
Urbek,
las discusiones sobre la naturaleza de la Iglesia caen completamente fuera del ámbito de los temas de este blog.
Le rogaría que continuara su apasionante discusión con jagarsoft en otro lugar.
Gracias.
Disculpad. padreobjetor tiene razon.
De todas formas estare unas semanas off-line.
Invito a Urbek a retomar el tema despues de las vacaciones.
Mietras tanto puede que le interese leer:
¿Es razonable ser creyente?
Alfonso Aguiló
Ed Palabra
Un saludo a todos!