Es más cómodo curar que prevenir: objeción, violación, denuncia y castigo

Es más cómodo curar que prevenir: objeción, violación, denuncia y castigo prevenir Ahora que contamos violaciones y asesinatos de menores por días estamos inmersos en la polémica entre la prevención y el castigo ejemplarizante.

Nuestra sociedad históricamente lo ha tenido claro y acuñó el famoso “más vale prevenir que curar“. ¿Por qué ahora, entonces, lo cuestionamos? Pues no se me ocurre otra razón que lo costoso que resulta invertir en prevención. Cada día somos más cómodos y nos resulta un esfuerzo extra realizar prácticas preventivas. A corto plazo no tienen sentido. ¿Y si lo prevenido nunca acontece? “A mi no me va a pasar”. “Aquí no va a pasar”.

Traigo hoy esta reflexión a cuenta no de los abusos sexuales, sino de ese otro abuso invisible pero capaz de marcar a nuestros hijos de por vida que supone, por parte del Estado, el adoctrinamiento en la mal llamada Educación para la Ciudadanía.

Y es que, tras las sentencias del Tribunal Supremo que rechazaban -con una argumentación muy discutible y un buen abanico de votos particulares enfrentados a la sentencia- el derecho de los padres a la objeción de conciencia frente a educación para la Ciudadanía, algunas asociaciones y padres vieron cerrada la puerta a la denuncia y objeción de la asignatura (¿porque la sentencia del Supremo resolvía su conflicto de conciencia?) y optaron por “la nueva vía abierta” por el alto tribunal: la denuncia de casos de adoctrinamiento. ¿No les resulta patente el paralelismo con el conflicto de las violaciones?.

Desde luego, resulta más cómodo inhibirse en la oposición frontal a la asignatura y esperar a la infracción para realizar la correspondiente denuncia. El problema es que, siendo más costoso a corto plazo prevenir que curar, hay atropellos de difícil curación. Y, sobre todo, reforzamos la tendencia social acomodaticia de castigar, que siempre es más económico que prevenir, pero es indudablemente menos formativo y menos rentable en términos de bienestar común a medio plazo.

Bienvenidas sean las denuncias. “El Defensor del Pueblo andaluz (…) notificó (…) la admisión a trámite de una queja formulada por una familia (…) que denunció el visionado de una película con contenidos «pornográficos» y que menoscaban la libertad educativa”. (La Razón, 25 de Julio de 2009). Al director del Instituto en cuestión quizá se le caiga el pelo pero, ¿verdaderamente les compensa el castigo a los padres de los alumnos de 4º de la ESO que han tenido que tragarse las escenas pornográficas?

Denunciar, siempre. Pero debiéramos armarnos de fortaleza para atajar los males en sus raíces. Cuesta más, pero acaba siendo más rentable. Y no sólo nuestros hijos, sino toda la sociedad vivirá en un clima de procurar el mayor bien posible y no limitarse a castigar, cuando los daños son irreparables.

© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.


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