Educación para la Ciudadanía es también una anti-moral católica

Educación para la Ciudadanía es también una anti moral católica bandeja1 Desde sus inicios, el movimiento objetor a las asignaturas de Educación para la Ciudadanía se ha ido configurando como una reacción a la intromisión del Estado en el derecho (y deber) de los padres de educar moralmente a sus hijos. La oposición a esta EpC en una cuestión de libertad.

Es por esta razón por la que a los objetores a Educación para la Ciudadanía nos une un único denominador común: la defensa de la libertad de enseñanza. Entre los objetores hay, pues, católicos, protestantes, personas de otras confesiones religiosas, agnósticos y ateos. No obstante, por razones sociológicas, entre otras, un gran porcentaje de los objetores a EpC somos católicos. No nos oponemos a EpC sólo los católicos ni nos oponemos sólo por ser católicos -como a la vista está.

Sin embargo, es de justicia para con la verdad de las cosas el abordar, siquiera por una vez, la Educación para la Ciudadanía en su relación con el catolicismo para responder a una serie de cuestiones que están entrañadas en el debate sobre la Educación para la Ciudadanía en España:

  • ¿Por qué los impulsores de la Educación para la Ciudadanía no han dejado de criticar y atacar a la jerarquía católica considerándoles el principal adversario para una imposición sin traumas de la EpC?
  • ¿Por qué esa misma jerarquía católica ha tenido que pronunciarse, conjunta e individualmente, en numerosas ocasiones, en contra de esta EpC?
  • ¿Por qué a los objetores a la EpC se nos considera “ultracatólicos”, correa de transmisión de los obispos y se tergiversan nuestras reivindicaciones (véase el Manifiesto de las Plataformas de Padres Objetores) reduciendo nuestra crítica a juicios morales?

La razón de esta oposición frontal de la Educación para la Ciudadanía española con la Iglesia Católica no es otra que la consideración de la EpC como una moral sustitutoria de la moral católica. Más aún: como una moral opuesta a la católica e incompatible con ella. No es que la EpC tenga puntos discrepantes con la moral católica, asumida por muchos ciudadanos españoles: es que pretende sustituir la moral católica -y todas las morales confesionales- por una Moral de Estado Universal, amparada y regida por la legislación vigente.

Los promotores de la EpC no quieren enfrentarse directamente a la moral católica (o cualquier moral confesional): en un movimiento estratégico de hondo calado,

  1. circunscriben las morales confesionales al ámbito privado del individuo, dejando expedita a la Moral del Estado el dictado de las normas que regulan la actuación pública del individuo. Es decir, la gran mayoría de las normas morales, pues el hombre es un ser social por naturaleza y se perfecciona en su dimensión social. En otras palabras, el Estado advierte al individuo: “de puertas para adentro piense lo que quiera pero, públicamente, debe actual según la moral estatal establecida por la legislación vigente”.
  2. adjudican a la Iglesia la falsa (y ridícula) pretensión de pretender imponer su moral como norma que regule la sociedad civil. Se retrotraen a “Las dos ciudades” de Agustín de Hipona interpretando torticeramente que el Santo (y toda la tradición posterior) pretenden imponer una dictadura de la moral cristiana sobre la sociedad civil, olvidando -por no extenderse más- el no menos autorizado principio de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Es decir, los ¿modernos? ilustrados -capitaneados por Gregorio Peces-Barba- consideran incompatible una moral católica con una legislación civil, pues sitúan las dos en el mismo plano, dando por supuesto que la Iglesia quiere “reinar en este mundo” somentiendo a los ciudadanos mediante sus leyes morales. Así, la legislación vendría a coincidir con la moral y el pecado debería ser civilmente castigado. ¿Exagerado?.

El recurso retórico de crear un falso y grosero adversario para rebatirlo fácilmente es tan viejo como la sofística, pero sigue funcionando:

“Así, [los eclesiásticos] no pueden seguir manteniendo la tesis de que los pecados son o deben ser delito y de que todos los ciudadanos deben comportarse como creyentes, ni pueden tener derecho a dirigir, con ceremonias religiosas, actos públicos, o tener sus signos presentes en los lugares públicos o en edificios oficiales.”

“En el fondo, lo que suele ocurrir es que los representantes de la Iglesia-Institución carecen de respeto por el sistema jurídico español que regula la Constitución. La ignoran, como si no fuera con ellos, como si estuvieran al margen y por encima.”

Gregorio Peces-Barba, Iglesia y Estado en la sociedad democrática (El País, 20 de abril de 2004).

“Parece, aunque no lo confiesen, que su modelo [el de la Iglesia jerárquica] es Irán donde el islamismo, la religión manda sobre las autoridades y sobre el propio presidente de la República y donde la pena de muerte no sólo está vigente sino que se aplica con abundancia.”

Gregorio Peces-Barba, En torno a la Educación para la Ciudadanía (El País, 7 de agosto de 2007).

Frente al esperpento de una Iglesia ávida de poder terrenal que pretende legislar sobre la base de su moral, los nuevos ilustrados proponen un modelo racional de gobierno que no se rige por morales confesionales, sino por la legislación civil:

“La Ilustración supuso la conquista de la autonomía moral de las personas y la superación del paternalismo de la teología como gran controladora del pensamiento y de la acción humana. La persona supo caminar por sí misma y toda la cultura de las luces produjo un gigantesco esfuerzo para salir de la minoría de edad y para aprender y saber.”

“Los enemigos de las luces comprenderán el peligro de su difusión y desde posiciones eclesiásticas y contrarrevolucionarias por un lado y fascistas, leninistas y anarquistas por otro, harán todo lo posible para contrarrestar sus efectos, y para luchar contra alguna de sus grandes conquistas como el constitucionalismo o los derechos humanos.”

“Los antimodernos creen que la realidad natural es la que condiciona a las normas y no al revés”

Gregorio Peces-Barba, Volver a la Ilustración (El País, 16 de bril de 2007).

“Desde esas coordenadas intelectuales antimodernas que desconfían del impulso social y político desde la idea un hombre un voto, se puede afirmar la difícil coexistencia y la más difícil lealtad de la Iglesia con la democracia, que no actúa desde la ética de la verdad sino desde la difícil ética que se mueve entre la dialéctica de dudar y decidir.

Por eso está justificado desde el lado de la democracia, en la cultura jurídica y política moderna, poner límites a la soberbia pretensión de la Iglesia de tener la última palabra en el ámbito público y señalar las incompatibilidades radicales de su visión premoderna del mundo y de la vida, desde un non possumus laico y secularizado frente a los abusos eclesiásticos.”

“No podemos olvidar las bases de nuestra convivencia, la tolerancia, la libertad, la igualdad, el respeto a la conciencia individual, el pacto social, el constitucionalismo, la separación de poderes o los derechos humanos rechazados reiteradamente por la doctrina de la Iglesia en el siglo XIX y también después, casi hasta nuestros días. La Iglesia católica se siente incómoda en un escenario que contempla desde su verdad y desde una idea del bien incompatible con cualquier punto de vista que no lo acepte.

Ante ese panorama no podemos asumir la idea de que la Iglesia es el puntal ético para fundamentar a “estas sociedades desmoralizadas y desorientadas”, ni que es poseedora de un patrimonio de verdades últimas sobre el ser humano que condicionan la democracia.”

“Finalmente, no podemos aceptar la postura de la Iglesia respecto a la democracia ni que nunca la haya reconocido como el único régimen legítimo, ni la consideración del relativismo como un mal puesto que es expresión de la libertad de conciencia y del respeto a la autodeterminación, expresión de la dignidad humana. ¡Non possumus! No podemos si queremos ser dignos de respeto.”

Gregorio Peces-Barba, Versión laica del ‘non possumus’ (El País, 15 de agosto de 2008).

Para terminar este elenco de descalificaciones de una moral católica que debe ser sustituida por la moral ilustrada que proclama la Educación para la Ciudadanía, traigo a colación el último comunicado de prensa de la Fundación Cives que, refieriéndose a la Iglesia Católica se jacta de que la Educación para la Ciudadanía viene a relevar la defectuosa moral católica:

“Y ello ocurre porque quienes siempre se han autoproclamado “provedores en exclusiva” de la moral ya no llegan a la sociedad actual. Tampoco han logrado a lo largo de los años evitar este tipo de hechos u otros delitos, pero a pesar de ello obstaculizan y culpabilizan a quienes proveen de valores morales, éticos y cívicos a toda la ciudadanía. Y esa es una de las funciones de esta asignatura, aunque les pese a quienes ven tambalearse su poder omnímodo y exclusivo.”
Fundación CIVES, Madrid, 22 de julio de 2009.

Iluminados ha habido siempre. La moral católica, enraizada en la tradición helénica y judía tiene XXI siglos de desarrollo procurando la felicidad personal y el desarrollo social. Los nuevos ilustrados tienen todo el derecho a proponer otra moral, pero no a imponerla, y menos en desacuerdo con los padres de los alumnos, como no se impone la moral católica, que se propone a quien quiera seguirla.

Los experimentos -al menos en materia de moral-, con gaseosa. Yo prefiero trabajar por mejorar una moral experimentada y, sobre todo, procurar cumplir sus reglas. Que la sociedad no funciona mejor cambiando de moral como quien cambia de canal. A lo peor el principal problema es que cada vez nos cuesta más someternos a un código moral. Y, como en la fábula de la zorra y las uvas, pretendamos ahora construir una moral facilita, “de mínimos”, de esas que uno cumple casi sin darse cuenta. ¿Y esa nueva moral mínima va a facilitar a nuestros hijos que sean más felices y construyan una sociedad más justa y habitable?

© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.


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4 comentarios

  1. Querido Padre Objetor:
    Este es un magnifico artículo que una vez mas como madre te agradezco.
    En el fondo es una “religion por lo civil” lo que quieren imponer y quien no lo vea es porque no le ha dedicado ni un minuto.Me falta libertad……

  2. “la intromisión del Estado en el derecho (y deber) de los padres de educar moralmente a sus hijos.”

    Eso es absolutamente falso. Nadie le ha quitado a usted el derecho de llevar a sus hijos a catequesis ni le ha exonerado de la obligación de inculcar valores de moral privada a sus hijos. EpC lo que hace es desarrollar mediante una asignatura específica el mandato constitucional que impone al Estado la impartición universal y obligatoria de una educación básica e íntegra para todos los españoles, y así lo ha dictaminado el Tribunal Supremo en contra de sus afirmaciones.

    ” No obstante, por razones sociológicas, entre otras, un gran porcentaje de los objetores a EpC somos católicos”

    El porcentaje de católicos practicantes en España es mucho menor que el existente entre los contrarios a EpC, luego sí que se trata de un problema católico. El problema es, en resumidas cuentas, que ustedes han patrimonializado la dimensión moral del ser humano hasta tal punto que creen que fuera de la doctrina de su iglesia todo es amoralidad; o en términos más materialistas: consideran que EpC es la competencia que ha venido a disputarles el monopolio que mantenían sobre la formación moral de los españoles.

    “¿Por qué los impulsores de la Educación para la Ciudadanía no han dejado de criticar y atacar a la jerarquía católica considerándoles el principal adversario para una imposición sin traumas de la EpC? ”

    Porque no somos ciegos ni sordos, y ha sido la Iglesia Católica la organización que con muchísima diferencia más se ha opuesto a EpC explícita (con multitud de declaraciones de obispos, que incluso nos acusaron a los defensores de “colaboradores del Mal”) e implícitamente (mediante la miriada de organizaciones civiles y lobbys serviles a los dictados de la Conferencia Episcopal).

    “¿Por qué esa misma jerarquía católica ha tenido que pronunciarse, conjunta e individualmente, en numerosas ocasiones, en contra de esta EpC?”

    Pues porque no acepta que se enseñe ética a todos los españoles. Creen que el comportamiento moral es privativo de su feligresía (“sólo dentro de la Iglesia hay salvación”), y que los demás estamos destinados a la condenación. ¿Qué es eso de convivir todos bajo un mismo marco ético que no sea el que ellos dictan? No pueden admitirlo, porque ello supondría la aceptación de que la sociedad puede regirse de manera autónoma sin su insidioso y milenario tutelaje. La autonomía moral del ser humano es un auténtico anatema que siguen sin aceptar y contra el que luchan en todos los frentes, tanto teológico como político y educativo.

    “¿Por qué a los objetores a la EpC se nos considera “ultracatólicos”, correa de transmisión de los obispos y se tergiversan nuestras reivindicaciones (véase el Manifiesto de las Plataformas de Padres Objetores) reduciendo nuestra crítica a juicios morales? ”

    Porque lo sois. Los católicos moderados están colaborando activamente con la oportunidad que ofrece esta asignatura para elevar el nivel ético de la juventud, y por ello la FERE (que aglutina a la mayoría de los titulares de centros religiosos) está impartiendo la asignatura y oponiéndose a la insumisión.

    “La razón de esta oposición frontal de la Educación para la Ciudadanía española con la Iglesia Católica no es otra que la consideración de la EpC como una moral sustitutoria de la moral católica”

    Es justo al contrario. Sois vosotros los que desde el principio habéis considerado que EpC venía a competir contra vuestra moral privada. Se os ha demostrado en multitud de ocasiones que no hay nada en los reales decretos que desarrollan la asignatura que contradiga los principios cristianos salvaguardados por la Constitución, y así lo han entendido los religiosos de los centros concertados aglutinados en la FERE. El propio José Antonio Marina -autor del libro de una editorial católica y que es el más utilizado en los centros católicos- os ha explicado en multitud de ocasiones cómo la ética laica no es la enemiga de la moral religiosa, sino su salvaguarda, al establecer una distinción entre los ámbitos privado y público que impide la reedición de las guerras de religión y de los intentos impositivos de unas sobre otras.

    “pretende sustituir la moral católica -y todas las morales confesionales- por una Moral de Estado Universal”

    Pero a ver, es que no existe el Estado amoral. Todo régimen político y sistema jurídico se sustenta sobre una serie de principios éticos, en nuestro caso los implícitos en la Constitución y los DDHH. Esa moral pública no se contrapone a las diversas morales privadas, como el código de circulación no se contrapone a los diversos deseos e intereses de los conductores de cada vehículo.

    “Los promotores de la EpC no quieren enfrentarse directamente a la moral católica”

    Pero si es que esa no es la función de EpC oiga. La ética no tiene nada que decir sobre el sacramento de la confesión o sobre lo virtuoso del celibato. La ética se mueve en un nivel distinto al de las morales religiosas, regulando su coexistencia pacífica mediante principios generales que posibiliten la convivencia de creencias antagónicas.

    “circunscriben las morales confesionales al ámbito privado del individuo, dejando expedita a la Moral del Estado el dictado de las normas que regulan la actuación pública del individuo”

    ¿Pero acaso puede ser de otra manera? ¿Debería ser la moral confesional musulmana de obligado seguimiento acaso? ¿Universalizamos el sistema de castas hindú? Las morales religiosas son intrínsecamente privadas, pues se basan en evidencias subjetivas indemostrables. Además su finalidad es la salvación espiritual del individuo. Nada de eso concierne a la ética, que se mueve en el ámbito profano donde todos estamos instalados. La conveniencia de los principios de moral religiosa no se establece mirando al mundo, sino al más allá, y sólo si se tiene la autorización correspondiente. A la ética civil no le importa si usted va o no al cielo, sino si usted se comporta con sus prójimos conforme dicta el sistema de convivencia democrática y constitucional. El banco de pruebas de la ética laica es la realidad. En su utilidad práctica la que los justifica o devalúa.

    ““de puertas para adentro piense lo que quiera pero, públicamente, debe actual según la moral estatal establecida por la legislación vigente”.”

    ¡Pues claro señor mío! ¡¡Eso es la libertad de conciencia!! Pero claro, ustedes la condenaron tachándola de delirio, ¿cómo iban a aceptarla ahora? Aún así no consienten que se les recuerde que se trata de un principio ético de origen laico y contradictorio con las morales religiosas, que no admiten la disensión bajo la pena de excomunión ipsofacto.

    “adjudican a la Iglesia la falsa (y ridícula) pretensión de pretender imponer su moral como norma que regule la sociedad civil”

    ¿A qué malvado se la habrá podido ocurrir, sí recientemente sólo nos alumbran 40 años de religión católica obligatoria hasta la Universidad?..
    La máxima de Dios y del César debe ser la más tergiversada de la historia de la humanidad. ¿Qué es de Dios y qué del César? Pues lo que dictamine la autoridad oportuna, naturalmente. Si esa autoridad se llama Franco, es conducido bajo palio y ha sido designado Caudillo por la Gracia de Dios… imagínese el resto.

    “dando por supuesto que la Iglesia quiere “reinar en este mundo” somentiendo a los ciudadanos mediante sus leyes morales.”

    Repito, ¿a qué ignorante de la historia de la civilización occidental se le habrá podido pasar por la cabeza semejante barbaridad?…

    “La moral católica, enraizada en la tradición helénica y judía tiene XXI siglos de desarrollo procurando la felicidad personal y el desarrollo social.”

    Amén oiga, y quien no quiera creérselo que reviente. En cambio la ética laica carece de raíces. Se trata de un invento judeo masónico y bolchevique, probablemente. Es muy triste tener semejante concepción torticera de las cosas e ignorar que el proyecto de la autonomía moral del ser humano es tan antiguo como éste, y que su consecución ha sido posible en buena parte gracias a las aportaciones de pensadores cristianos que tuvieron la valentía de distinguir entre la fe y lo que podía justificarse racionalmente en la búsqueda de unos principios válidos universalmente.

  3. Urbek,
    1. La moral no se divide en privada (lo que usted llama catequesis) y pública (la que impone el Estado). Léase a Aristóteles que sabía algo más de moral que Peces-Barba y no era muy católico que digamos. Como señalo en el post, todo el empeño de la EpC es sustituir la moral personal arrinconándola a un supuesto “ámbito privado”.
    Hablando del Tribunal Supremo (que no es la última instancia), ha dicho que el Estado puede imponer una asignatura. Pero también ha dicho que no debe contener, ni de lejos, cuestiones morales controvertidas. Y eso es lo que hace EpC.

    2. Ya me dirá usted de dónde saca que el porcentaje de católicos practicantes en España es menor que el de los que se oponen a EpC. Si tiene hecho el estudio, se lo agradecería.
    La formación moral no se impone (al contrario que la EpC) ni pretende regir la vida pública sustituyendo la Constitución por las Tablas del Sinaí. Esas paranoias sólo se le ocurren a Peces-Barba y sus acólitos.

    3. La jerarquía española nunca se ha opuesto a que se enseñe ética. La ética existía en 4º de la ESO antes de ser sustituida por “Educación Ético-Cívica”. A lo que se opone -como nosotros- es a que se pretendan inculcar unos principios morales discutibles y se exija a los alumnos su asunción y su práctica.
    La moral católica no se impone, se oferta y se acoje o se rechaza. Y respeta que usted pretenda su “autonomía moral”. En cambio, la EpC no respeta que yo escoja mi “heteronomía moral”.

    4. Somos ultracatólicos por que existen “católicos moderados” que nos delimitan. Me gustaría saber la opinión de San Pedro, San Pablo y el mismo Jesucristo sobre el calificativo “católico moderado”. Debe ser algo así como “estar un poco embarazada”.
    La FERE no es ningún referente moral ni pertenece a la jerarquía de la Iglesia. Es una patronal: una empresa. Si hay que seguir unas indicaciones, serán las de la jerarquía, no la de un grupo de empresarios que están enfrentados a la jerarquía.

    5. Los RRDD no es que contradigan principios morales católicos -que lo hacen de largo- sino que imponen una “moral laica” de estado a golpe de Ley. Es un fundamentalismo de corte inverso. Es la Talibanización laica. Nos oponemos, primero y principalmente a la EpC por el recorte que supone de las libertades individuales.
    Tampoco utilice la autoridad de Marina, porque no la reconozco. Ni se comporta como católico -está constantemente en abierto enfrentamiento y desprecio hacia la jerarquía- ni escribir en SM le da marchamo de católico (SM es, una vez más, una empresa, no una institución eclesiástica). Y, por cierto, publican cantidad de libros de contenido marxista, que es un derecho de toda editorial.

    6. La moral pública existe sólo en los países totalitarios.
    La ética, para ustedes, es el Gran Hermano que está por encima y regula las diversas morales: totalitarismo.

    7. Que las morales de origen religioso -porque las hay de muchos tipos- no pretendan regir la sociedad desde el Estado tampoco las convierte en “creencias personales” como “los cuentos de la vieja”. Los estados han existido sin necesidad de establecer códigos morales de obligado cumplimiento. Se han limitado a legislar para ordenar el desarrollo social. Y si la sociedad no funciona es más bien porque los individuos no cumplimos código moral ninguno. Porque así se vive (a corto plazo) más cómodamente. No porque haga falta un código moral implantado por el Estado.

    8. La libertad de conciencia no es el desdoblamiento de la personalidad que piensa de un modo y actúa de otro: eso es lo que pretenden ustedes y se llama hipocresía. La libertad de conciencia consiste en dejar que los dictados de la conciencia dirijan nuestra actuación: es el caso de la objeción de conciencia.

    9. A Franco se le habrán concedido toda suerte de prebendas tan fantásticas como ir bajo palio, pero nunca se le ha considerado autoridad moral de la Iglesia. A lo mejor, si vemos las prebendas eclesiásticas a Franco desde la óptica de una Iglesia que ha sufrido hasta su llegada innumerables quemas de conventos, violaciones y asesinatos de religiosos, sacerdotes y laicos por el simple hecho de ser católicos, las comprenderíamos sin tanto sarcasmo.

    10. “dando por supuesto que la Iglesia quiere “reinar en este mundo” somentiendo a los ciudadanos mediante sus leyes morales.” Repito, ¿a qué ignorante de la historia de la civilización occidental se le habrá podido pasar por la cabeza semejante barbaridad?…” Pues al mismísimo Peces-Barba:
    “Parece, aunque no lo confiesen, que su modelo [el de la Iglesia jerárquica] es Irán donde el islamismo, la religión manda sobre las autoridades y sobre el propio presidente de la República y donde la pena de muerte no sólo está vigente sino que se aplica con abundancia.” Gregorio Peces-Barba, En torno a la Educación para la Ciudadanía (El País, 7 de agosto de 2007).

    11. Cuando afirmo que “La moral católica, enraizada en la tradición helénica y judía tiene XXI siglos de desarrollo procurando la felicidad personal y el desarrollo social.” estoy constatando un hecho. Y no niego que la “ética laica” carezca de raíces. Simplemente opino que, históricamente, el humanismo cristiano ha dado frutos de progreso personal y social y -si lee el final del artículo- que el problema de la inmoralidad actual no se resuelve tanto cambiando de moral como procurando seguir alguna. Lo que prevalece es la amoralidad. No estoy haciendo ética comparada.

  4. Urbek,
    bla bla bla bla…que nadie tiene derecho a imponer una educación que no desea para sus hijos y punto. Estoy con Agueda, nos falta libertad.
    Y si a usted le gusta la EpC para sus hijos, pues adelante, tenga usted la LIBERTAD para educarlos como quiera, pero no pretenda imponernos sus ideas y convicciones a los demás.
    ¡¡NO A LA EpC PARA MIS HIJOS, PORQUE TENGO MI DERECHO CONSTITUCIONAL PARA ELEGIR!!,
    PERO POR LO QUE VEO, SE HAN SALTADO SUS PROPIAS LEYES.

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