Gabilondo ofrece diálogo a los padres objetores. Nosotros también.
Leo en Alba Digital que, tras el Consejo de Ministros, el Ministro de Educación Ángel Gabilondo “ha admitido (…) que se reunirá con los objetores de conciencia a Educación para la Ciudadanía. Ha asegurado que hay abierta una “vía de diálogo”, aunque advierte que esta disposición se debe dar “por ambas partes”.
Sepa usted, señor Ministro, que disposición de diálogo hemos mostrado los objetores hasta extremos insospechados. Le hemos solicitado sendas entrevistas a usted y a la Secretaria de Estado Eva Almunia, obteniendo la callada por respuesta. Y todas nuestras reivindicaciones han tratado de ser respetuosas a la par que firmes. No le quepa duda de que somos dialogantes. A no ser, claro, que conciba el diálogo como un proceso de recorte de reivindicaciones. Pero a un catedrático de Filosofía buen conocedor de Platón no hace falta darle lecciones sobre lo que significa dialogar: un intercambio de ideas y pareceres, que no de principios.
Para facilitar el diálogo, quisiera exponerle mi particular parecer sobre el tema. Y es que aquí no hay gato encerrado. ¿Qué otros intereses pueden mover a miles de padres objetores que no sean el bien de sus hijos y el de los hijos de los demás? ¿Qué pretendemos? ¿Qué vamos a contarle si nos recibe?
- En primer lugar, manifestarle que los padres objetores no nos oponemos a que se enseñe a nuestros hijos Educación para la Ciudadanía. Las virtudes cívicas, cuyos fundamentos se siembran en la educación familiar, han de desarrollarse en la escuela para que se produzca el arraigo necesario que haga de nuestros hijos hombres completos y ciudadanos activos. Lo que no podemos consentir es que, so capa de una enseñanza de los valores constitucionales, se les adoctrine haciendo pasar por virtudes ciudadanas valores y visiones partidistas que exceden con mucho de los valores constitucionales comúnmente admitidos (Cfr. Sentencias del TS sobre EpC).
- En segundo lugar, discrepamos de que los contenidos de Educación para la Ciudadanía pretendan sustituir los valores transmitidos en el seno de la familia. Reza así, por ejemplo, uno de los objetivos de la asignatura: “La dimensión ética de la competencia social y ciudadana entraña ser consciente de los valores del entorno, evaluarlos y reconstruirlos afectiva y racionalmente para crear progresivamente un sistema de valores propio y comportarse en coherencia con ellos al afrontar una decisión o un conflicto.” EpC, además, establece como criterio de evaluación que los alumnos ASUMAN y SE COMPORTEN de acuerdo con los valores transmitidos. Y no podemos admitir que se exija a nuestros hijos la asunción de valores discutidos y partidistas que contradigan los valores propuestos por su familia.
- En tercer lugar, tras discrepar en el alcance de los objetivos y criterios de evaluación de las asignaturas de educación para la Ciudadanía, discrepamos en muchos de sus contenidos. Para hacerse una idea cuantitativa, la media de horas lectivas totales de EpC en el resto de la Unión Europea viene a ser de 20 horas, mientras que en España es de 190. ¿Cuál es la razón de este incremento? Pues, simple y llanamente, que las asignaturas españolas incluyen una gran cantidad de contenidos que escapan de la mera transmisión de los valores constitucionales y los Derechos Humanos. Así, dedican gran parte de sus contenidos a los aspectos afectivos, a la sensibilidad, a la formación de juicios morales y otros aspectos que nada tienen que ver con una transmisión de valores constitucionales. Por si fuera poco, los contenidos están propuestos asumiendo algunos planteamientos ideológicos como son el relativismo moral, el positivismo jurídico o la ideología de género que, siendo enfoques respetables, no son en absoluto universalmente compartidos y, por tanto, como ha establecido el Tribunal Supremo, no deben ser materia de la asignatura: las materias que el Estado califica como obligatorias “no deben ser pretexto para tratar de persuadir a los alumnos sobre ideas y doctrinas que -independientemente de que estén mejor o peor argumentadas- reflejan tomas de posición sobre problemas sobre los que no existe un generalizado consenso moral en la sociedad española“.
Señor Ministro, podemos -y debemos- solucionar el conflicto creado por Educación para la Ciudadanía. Estoy convencido de que su condición de Catedrático de Filosofía le facilitará la comprensión de nuestras reivindicaciones, que no son otras que la defensa de la libertad y el pluralismo. Debiéramos, entre todos, establecer unas asignaturas objetivas y consensuadas, libres de todo objetivo adoctrinador. Los padres tenemos, más que el derecho, el deber de formar a nuestros hijos en unas convicciones morales que les faciliten ser mejores y hombres y, por tanto, mejores ciudadanos. Y en este empeño estamos deseosos de dialogar, pero no estamos dispuestos a dar ni un paso atrás.
© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.
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