Otra «invasión preventiva»: Educación para la Ciudadanía
Ante los disturbios que algunos jóvenes están produciendo (por no hablar de violaciones, asesinatos, vejaciones y demás canalladas) se alzan voces reclamando más Educación para la Ciudadanía
FETE-UGT y CCOO-Madrid creen que hace falta más Educación para la Ciudadanía
“Tenemos un problema de valores y probablemente hay una crisis porque estos chicos no tienen valores: por eso tiene que haber una asignatura como Educación para la Ciudadanía, para que sepan lo que es el respeto, a las instituciones, a la ciudadanía, a las personas diferentes…”, ha opinado García. (ABC, 10/09/09).
Castro defiende la Educación para la Ciudadanía contra incidentes de Pozuelo
Castro ha defendido que hay que “educar en la responsabilidad”, que los jóvenes tienen que entender que “no vale todo” y que, en ese sentido, Educación para la Ciudadanía significa enseñar en valores y hablar de lo que es la democracia, la libertad y la tolerancia. (ABC, 10/09/09).
Declaraciones y razonamientos de este estilo ponen de manifiesto una falta de conocimiento bastante evidente de la naturaleza de la educación y de la persona humana. Sólo se justifican por un análisis superficial de los hechos o el empeño por adoctrinar a los jóvenes mediante las asignaturas de Educación para la Ciudadanía.
En este sentido, querría proponer una serie de reflexiones que deshicieran el malentendido (ignorante o culpable) de que un incremento de Educación para la Ciudadanía acabará metiendo en cintura a los jóvenes y posibilitando una sociedad sin conflictos sociales.
- “Saber” lo que son los valores, “entenderlos”, “conocerlos” o “dialogar sobre ellos” no significa asumirlos. Educar en valores no es lo mismo que explicar valores. Los valores, fundamentalmente, se interiorizan a través del arduo camino del ejemplo. ¿Alguien piensa que alguno de los jóvenes que protagonizaron los incidentes de Pozuelo desconocía que atacar a la Policía es un acto vandálico?
- Asumir unos valores como propios no implica actuar siempre de un modo acorde a ellos. Los hombres somos seres libres y tenemos la capacidad de tomar decisiones erróneas, contrarias a nuestros principios. La educación no garantiza la actuación correcta. Para ello la voluntad debe proponerse hacer las cosas bien sin dejarse llevar por las apetencias, pasiones o circunstancias. ¿Alguien piensa que los gamberros de Pozuelo estaban actuando de acuerdo a sus principios?
- Achacar el comportamiento de personas adultas a su educación es una reducción evidente. La actuación de una persona viene determinada por su temperamento, su educación …y su libertad. Obviamente, la libertad para actuar correctamente va disminuyendo proporcionalmente a los excesos tales como la ingesta de alcohol, las drogas o la búsqueda de la diversión por la diversión.
En definitiva, debiéramos preguntarnos ¿es la falta de educación la raiz de los comportamientos indeseables o juega en éstos un papel importante el paulatino desprestigio de una voluntad arrinconada por los eslóganes que promueven la satisfación inmediata de los deseos y la búsqueda del placer en sí mismo?
Resulta entonces paradójico encomendar al mismo Estado que lleva décadas vendiendo a los jóvenes una vida placentera y sin esfuerzo la educación de los mismos en valores. Es poner a la zorra a guardar el gallinero.
Claro que muchos padres han cedido en el esfuerzo por educar a sus hijos. En el mejor de los casos, delegando la tarea exclusivamente en los centros docentes. Pero también es verdad que las circunstancias sociales propiciadas desde hace décadas por los gobiernos y los medios de comunicación están haciendo en ocasiones heróica la tarea de educar a los hijos rectamente.
¿Es la solución despojar a los padres de la responsabilidad de educar a sus hijos para entregarla al mismo Estado que está propiciando este caldo de cultivo alejado de toda moralidad? Es la propuesta de Educación para la Ciudadanía. Coreada por muchas voces que vienen, como antaño, a proponer una “invasión preventiva” de los derechos de los padres por parte del Estado.
Así, en lugar de facilitar recursos a las familias para educar a los suyos, se les expropia el derecho y el deber de educar ante la posibilidad de que lo estén haciendo mal. Claro que muchos lo hacen mal pero ¿es la solución restringir los derechos de todos o, más bien, ayudar a quienes lo hacen mal y, en el peor de los casos, asumir la tutela educativa de sus hijos?
Los recortes preventivos de libertades son más cómodos de gestionar que los casos concretos. En nuestra mano está facilitarlos u oponernos en defensa de nuestra libertad.
© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.
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No a la invasión preventiva, lo que no se puede tolerar como bueno para nuestros hijos no debemos pasarlo por alto, gracias por este articulo, no ceses en tu lucha, animo.
Vaya, en un sólo artículo se ha bajado de dos burras. La primera era aquella que rezaba que EpC era muy mala porque no sólo expendía información sino que pretendía que los alumnos interiorizaran los valores cívicos. Ahora ve la necesidad. La segunda era la queja por el asunto de que la dimensión ética de la competencia social y ciudadana entrañara “ser consciente de los valores del entorno, evaluarlos y reconstruirlos afectiva y racionalmente para crear progresivamente un sistema de valores propio y comportarse en coherencia con ellos al afrontar una decisión o un conflicto”. Ahora ve también la necesidad de ésto. Pues me felicito.
Urbek,
que los jóvenes interioricen valores cívicos y establezcan su sistema de valores nunca ha estado en discusión.
El punto es que son sus padres los que deben procurarles esa enseñanza moral (con ayuda del centro educativo que ellos elijan libremente) y NO EL ESTADO. ¿O es que no nos queremos enterar?
Me parece que Urbek no se ha enterado de nada, y bien claro que ésta explicado.
Lo siento.
No es que no se haya enterado, que inteligente parece que es: es que no le conviene más que machacar sus argumentos y hacer caso omiso del debate. Que ya le vamos conociendo y ha desesperado a más de uno.