Gómez Trinidad: ideas claras sobre libertad de educación

Que aquí no hacemos distingos a la hora de criticar a instituciones y partidos políticos -y menos al PP con el que se vincula de forma torticera al movimiento objetor- cuando se alinean en contra de los derechos de los padres a elegir la educación moral de sus hijos, lo saben bien los lectores habituales. Y para muestra, bien valen no uno, sino dos botones:
- Educación para la Ciudadanía en Madrid: «los mismos perros con los mismos collares»
- El Partido Popular se baja los pantalones ante Educación para la Ciudadanía
Pero hoy, los habituales motivos de crítica se vuelven motivos de reconocimiento cuando he leído una entrevista publicada en ALBA a un político que parece tener bastante claras las ideas para recuperar la educación a pesar de las consignas de los partidos.
Portavoz de Educación del PP en el Congreso, Juan Antonio Gómez Trinidad habla muy claro -quizá demasiado para lo que se estila en un partido poco dado a salirse del discurso oficial- y responde sin ambages al entrevistador.
Gómez Trinidad se ha enfrentado ya a tres ministros y les ha sobrevivido sin variar un ápice sus críticas. También es cierto que resulta más sencillo criticar que gobernar y que lo que esperamos de los políticos es que lleven a cabo sus promesas porque el papel lo aguanta todo. Y está cada vez más claro que el PP carece de un discurso sólido y compartido por sus dirigentes y barones, más ocupados en luchas intestinas o focalizados en la crisis económica que preocupados por construir un discurso claro y compartido sobre la base de unos valores que puedan reclamar la complicidad de los electores.
Entresacamos algunas de las respuestas que Gómez Trinidad dedica a los temas más candentes de la política española en materia de educación:
1. Sobre la participación social
— La salvación de la sociedad no puede venir exclusivamente de un partido. Se necesita despertar a la sociedad; cada vez tiene que haber más sociedad y menos Estado. Vivir en sociedad no es sólo depositar un voto cada cuatro años a veces tapándose las narices.
— Da la sensación a veces de que estamos excesivamente aletargados o de que esperamos que los políticos nos resuelvan los problemas. Y eso no deja de ser una actitud -desde mi punto de vista- inmadura.
— ¿Qué es lo que le gustaría que ocurriera desde un punto de vista social? Se lo digo porque la sociedad parece haber despertado a través de las plataformas cívicas de objeción a EpC.
— Es un hecho positivo que se oigan voces de ciudadanos organizados en distintos grupos, plataformas, intereses. Pero que no sean -como ha ocurrido a veces- los mismos en distinto sitio.
— ¿Eso que quiere decir?
— Que el padre se asocie y sea capaz de ser interlocutor válido. Que el político oiga a los padres y no a determinadas asociaciones de los padres. Que oigamos a los trabajadores y no a representantes sindicales que no siempre representan el pluralismo de los trabajadores.
2. Sobre el modelo educativo
— Ha discutido mucho con Cabrera y ahora con Gabilondo sobre el valor del esfuerzo y el pasar de curso con suspensos. Ellos argumentan que hace falta un ‘coche escoba’ y usted que bajar el listón es empobrecedor.
— Si a un joven si se le pide poco, da poco; está afectado por la ley de la gravedad y del mínimo esfuerzo. La filosofía general de la LOGSE es ‘yo te apruebo y ya te suspenderá la vida’. Pero es que, además, lamentablemente suspenden.
— Ergo el modelo está fracasado.
— Por más que bailemos a corro, el modelo sigue siendo el mismo. Y tras veinticinco años de fracasos, no puede dar resultados.
— ¿Por qué?
— Porque está basado en unos principios pedagógicos que se han demostrado hoy -sin discusión ideológica- fracasados. Sin esfuerzo y autoridad no puede haber educación.
— ¿Cuál es su propuesta? ¿Han hecho algún remozado de la ‘Ley Castillo’?
— Nosotros nos presentamos a las elecciones con un programa en el que se hablaba mucho de educación. Pero yo no soy partidario de hacer nuevas leyes, aunque sí de introducir las reformas necesarias en el modelo educativo.
— ¿Y cuáles son esas reformas?
— Los principios: la falta de esfuerzo unida a una especie de ‘coleguismo’ no vale. Tenemos que regresar a un modelo basado en el sentido común.
— ¿Y además de los principios?
— Si tenemos claro cuáles son los principios, podemos introducir modificaciones de tipo organizativo: si el bachillerato tiene que tener dos años o cuatro o tres; tenemos que ver si a partir de los 14 años tenemos que abrir distintas vías formativas; estudiar que la alternativa de centros concertados de iniciativa social sea real.
— ¿Qué le parece la campaña 2.0 en Educación?
— Un disparate. Si un padre o una madre tiene a su hijo con problemas educativos, ¿se le ocurre con sentido común que comprándole un ordenador portátil al chaval se le van a solucionar sus problemas educativos?
— No digamos nada del ‘salario estudiantil’
— Si un alumno suspende, ¿se va a convertir en buen estudiante si le damos 1.200 euros? ¿O más bien le estamos dando un incentivo para que siga siendo un mal estudiante?
— Más disparates.
— Los 600 euros a los estudiantes de bachillerato en Andalucía por acudir a clase. Y mañana también tendremos que dárselo a los universitarios y a los estudiantes de FP. Es la pérdida del sentido común. Y -como decía Chesterton- malos tiempos corren cuando hay que demostrar lo evidente.
En efecto, son palabras, y las palabras se las lleva el viento. Pero también son principios y, como tales, son el requisito previo para construir una política educativa respetuosa con las libertades individuales. Porque solo una educación en libertad puede ser una educación eficaz.
© 2009, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.
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