El Zurbano educativo

El Zurbano educativo   02Gabilondo Prepárense para el parto de los montes: el ministro Gabilondo presenta mañana el texto definitivo para el esperado pacto educativo. Un pacto que, más que un acuerdo marco, ha sido un batiburrillo de exigencias y vetos que no pueden sino alumbrar el escuálido conjunto de medidas sobre las que no ha merecido la pena ni discutir: el Zurbano educativo.

Y es que, una vez más, priman los intereses partidistas sobre los nacionales. El cortoplacismo electoral frente a la visión de Estado. Nada que no sepamos a estas alturas del curso.

Si reúne usted a los representantes del arco parlamentario a fin de pactar un modelo educativo, seguro que no se sorprende del resultado: más dinero para todo y para todos, pero ni un solo principio común, ni un valor por todos respetado. Y es que un pacto educativo es, hoy por hoy, inimaginable.

Los dos principales partidos mantienen una visión no ya distinta, sino inversa sobre la educación. Para el Partido Socialista, la educación es una prerrogativa del Estado que tiene como misión configurar el pensamiento y la actuación de los ciudadanos. El Partido Popular -al menos su portavoz Gómez Trinidad- considera la educación como un derecho de las familias en el marco de su libertad, que debe ser tutelada por el Estado. El socialismo educativo trata a los padres como agentes subsidiarios del Estado (por eso invocan preferentemente el artículo 27.2 de la Constitución) mientras que los Populares consideran que es el Estado quien tiene una función subsidiaria respecto a las decisiones libres de los padres (artículo 27.3 de la Constitución). Y qué decir de los partidos nacionalistas, afanados en remarcar sus diferencias histórico-lingüísticas… ¿Pacto educativo?, ¿con estos mimbres? Hay que ser un optimista compulsivo para creerlo.

Pero lo malo no será la ratificación del desacuerdo: lo malo será si la clase política y la sociedad asumimos que las medidas acordadas conforman un modelo educativo. Porque un modelo educativo debe partir de principios y valores coherentes e integrados, de una visión específica de la persona, su naturaleza y finalidades. Y aquí no valen componendas ni trueques porque la incoherencia daría al traste con el desarrollo normativo. A ver si nos entra en la cabeza que algunas cosas -pocas, pero algunas- precisan de cimientos homogéneos. De un material u otro. Pero homogéneos. Y el futuro de la educación es una de ellas.

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Gabilondo presentará el jueves las propuestas definitivas del Pacto

EDUCAR EN LIBERTAD. Principios y valores que deben sustentar una política educativa

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