Ian Gibson: totalitarismo de importación

Ian Gibson: totalitarismo de importación Ian Gibson El verano parece no ser propicio para la libertad. En chiringuitos de playa o universidades de verano —las segundas más subvencionadas que las primeras, incomprensiblemente— nuestros sesudos intelectuales y políticos se despachan a gusto jugando en casa ante auditorios de chancleta y camiseta de tirantes pero incondicionales y entregados al ponente.

Y, como el totalitarismo gobernante estaba casi en pleno de vacaciones, hemos podido despacharnos con unas declaraciones de totalitarismo importado a cargo del hispanista Ian Gibson. Estudioso de la Segunda República y de la Guerra Civil españolas, parece no dolerle prendas, a estas alturas, en publicar —en el periódico del comunista multimillonario, eso sí—  rancios panfletos propios de la España republicana que tan bien parece conocer:

Que la derecha dura de este país no apoye la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que ha recurrido ante el Tribunal Constitucional, me parece la prueba más contundente de su abyección moral y de su renuncia a contribuir a la grandeza de la Patria de la que tanto se llena la boca. Porque sólo hace falta un mínimo de reflexión para comprender que, si a los jóvenes no les enseñamos valores cívicos, la tal Patria se va a ir al carajo. El PP alega que dichos valores se transmiten en casa, pero si fuera cierto España sería ya, desde hace tiempo, un país tranquilo y razonable.

No soy yo quién para defender al Partido Popular, pero no puedo dejar de sorprenderme, viniendo de quien vienen, calificativos como derecha dura (¿cuál es la derecha ‘blanda’? ¿el socialismo?), abyección moral (ponderado como buen británico) o la grandeza de la Patria de la que tanto se llena la boca (¡qué manía tiene la izquierda de renunciar al concepto de Patria para reprochárselo, a la mínima, a quienes lo utilizan…!). Lo de que la tal Patria se va a ir al carajo debe ser una licencia estilística de influencia Chavista y toda una garantía del acervo literario del personaje.

En este contexto de despropósitos y expresiones tabernarias, atribuye al PP que los valores cívicos se transmitan en casa. Opinión que estoy seguro comparte hasta la madre del insigne historiador, aunque ahora se lleve conceder al Estado toda prerrogativa en el ámbito de la educación moral. Porque de las matemáticas y la gramática acabamos ocupándonos los padres ante tamaña inversión de papeles.

Para Gibson y los nuevos ilustrados la prueba del nueve es evidente:

…si fuera cierto España sería ya, desde hace tiempo, un país tranquilo y razonable.

Razonamiento equivocado o malicioso, señor Gibson: que la educación cívica (pone usted más adelante como ejemplo los papeles o colillas arrojados al suelo) sea ciertamente deficitaria no significa que sea asunto del Estado:

  • significa que muchos padres incumplen sus obligaciones. Unos por desgana y otros atropellados por las circunstancias,
  • significa que los chavales no paran de recibir mensajes y ejemplos nefastos por parte también de las administraciones o de los medios de comunicación como los de su anfitrión,
  • significa que muchos gobiernos han sembrado como única moral la del “todo vale”, el “pásatelo bien aquí y ahora” y “el que venga detrás, que arree”,
  • significa que toda autoridad se ha desacreditado como vestigio y sinónimo de irracionalidad, incultura y totalitarismo.

En definitiva, que el Estado pone las piedras en el camino de los padres para demostrarles su incapacidad de educar. Y lo peor no es esto. Lo peor es que, so capa de enseñar que los papeles no se tiran al suelo (como si no lo supieran todos los que los hacen), la ciudadanía que se enseña en España es un lavado de cerebro en toda regla, un batiburrillo de política, moral y sexualidad que atufa. Y, para hacerlo más surrealista, tenemos un plantel de educadores en el gobierno, del Presidente para abajo, digno de una universidad americana.

Señor Gibson, dedíquese el Estado a velar por el Bien Común de los ciudadanos —multando las infracciones si hace falta— pero déjenos a nosotros pensar, actuar, vivir y educar como nos plazca. Déjenos equivocarnos si hace falta ¿o no ha acabado saturado de totalitarismo en sus estudios históricos? Porque algunos llevamos el caminos de hastiarnos en pocos años.

© 2010, Diario de un padre objetor. Todos los derechos reservados. Este texto puede ser citado siempre que se indique su procedencia y se enlace con su origen.

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2 comentarios

  1. Información Bitacoras.com…

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