Akal

Akal akal Fernández Liria, Carlos; Fernández Liria, Pedro; Alegre Zahonero, Luis: Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho, ilustr. Miguel Brieva, Akal, Madrid, 2ª ed., 2007, 247 págs.

Libro de tamaño ordinario, menor de A4. Como es costumbre de esta editorial, el papel es grueso reciclado y de color tostado. No contiene apenas ilustraciones, salvo una imagen repetida en los márgenes. Algunas viñetas, escasas, en color marrón. La tipografía también es en marrón o en azul marino. Muy simple, pues, en su aspecto gráfico, aunque no por ello el libro está mal confeccionado.

El aspecto causa ya gráficamente tensión y ayuda a adoptar una actitud despectiva, negativa y, sobre todo, desengañada. El tono es, ni educativo o pedagógico, ni juvenil, aunque pretende tenerlo. No es accesible seguramente a alumnos de ESO. Reiterativo y prolijo, el estilo literario es correcto. No es un manual, sino un ensayo.

Las viñetas tienen estética de anuncio periodístico de los años cincuenta. La portada y la contraportada son a color. En la portada se dibuja como un puesto de banderas y bufandas para un partido de fútbol. Suelo sucio. Hay gorras con el nombre de Kant, Marx, Hegel; bufandas Aristóteles, Nietzsche, Heráclito, Descartes…; banderines. Hay bocinas y, junto al puesto, sentado, con un puro en los labios, un sujeto gordo, mal vestido, pantalón corto y vello pronunciado. En la contraportada un dibujo circular ironiza sobre las derechas y las izquierdas con mal gusto. En la contraporatada se presenta también a los autores. De uno de ellos es este el currículo: «es un ser bípedo, y en ocasiones racional, que nació en Sevilla en 1974 y que, además de ingerir alimentos y aspirar oxígeno con relativa frecuencia, colabora asimismo en algunas publicaciones. […] A menudo, mientras saca punta al lápiz, silbotea melodías difícilmente reconocibles y doscordantes, que sin embargo a él parecen proporcionarle algún tipo de placer. A veces estornuda».

No tiene ejercicios y el texto es muy extenso. Se divide en cinco capítulos, con prólogo a la segunda edición (muy extenso), introducción y epílogo. El subtítulo es Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho: una declaración de que todo su objetivo es la crítica del capitalismo. Los títulos de los capítulos son: La aventura de la ciudadanía, Razón y libertad: el lugar de cualquier otro, El Estado de Derecho y la división de poderes, Capitalismo y Ciudadanía, Capitalismo y Socialismo. El Estado de Derecho y la ilusión de ciudadanía bajo condiciones capitalistas. El quinto capítulo, sobre Capitalismo y socialismo…, es una versión para este libro de un artículo publicado por los autores en un libro sobre la revolución de Chavez en Venezuela (lo declaran en p. 173), y podría haberse omitido sin merma de las tesis centrales del libro.

Se declara que este «no es un libro de texto» (p. 10; 13), sino que «se trata más bien de un antimanual especialmente escrito en contra de la asignatura misma» (p. 10) de EpC. Ciertamente, es lo más probable que no superaría los controles del Ministerio de Educación.

1. Puntos de control

a) Verdad y relativismo

[1] «Al caerse en ese pozo, Tales [de Mileto] había desatado una fuerza portentosa que en adelante no dejaría de agitar la historia occidental. Se trataba de la idea de que la vida de la ciudad tuviera su centro de gravedad en torno a la verdad, la dignidad y la justicia. Se trataba de que, en adelante, la ciudadanía no se conformara con ganar batallas y perseguir con éxito sus intereses. Que nada resultase a la ciudad suficientemente bueno si no era, además de útil o conveniente, justo y verdadero», p. 19.

[2] Ejemplo de la razón es la ciencia matemática, cfr. p. 31. Pero también en historia, sociología, etc. hay verdad y racionalidad, cfr. pp. 3841. «Así pues, sea en matemáticas, sea en otras ciencias, o sea con respecto a cualquier cosa, una persona que razona es una persona que está en condiciones de decir: «Lo que yo estoy diciendo lo diría igual si yo fuese otro». Y por otro […] incluimos aquí, también, a los marcianos, a los ángeles, a cualquier ser que sea racional», p. 41.

[3] Hay una refutación clarísima del relativismo en pp. 32-35.

[4] El precio del antirrelativismo es hacer de la subjetividad un espacio por completo vacío (cfr. p. 34): «En resumidas cuentas, cuando estamos sentados en clase de matemáticas deduciendo un teorema, estamos colocados en un lugar bien misterioso. Un lugar en el que, curiosamente, nosotros mismos no pintamos nada. […] Pero conviene que seamos incluso más radicales: en ese lugar no es que dé completamente igual qué tipo de persona seamos, sino que, en realidad, da igual que seamos humanos o no. […] El «hombre» tampoco pinta nada en las matemáticas. […] Cuando demostramos el teorema de Pitágoras decimos algo que diríamos igual si en lugar de ser gallegos fuéramos castellanos o quién sabe si persas. Pero, en realidad, decimos algo que tendríamos que decir igual si en lugar de ser seres humanos fuésemos… pongamos que marcianos o ángeles. Cuando hacemos matemáticas no nos tratamos a nosotros mismos en tanto que humanos, sino en tanto que seres racionales», pp. 35-37 (vid. asimismo p. 38; 83).- Tampoco tienen en cuenta que la racionalidad humana es distinta de la de los ángeles.

[5] Frente a sofistas y demagogos, «Sócrates se empeñó en demostrar que la única retórica legítima consistía en decir la verdad. Que para convencer de verdad, hay que decir la verdad, porque sólo la verdad convence de verdad», p. 99.

b) Ética

[6] Un acto es libre cuando no depende de nada (cfr. p. 46), en el senti-do de que «lo habría hecho igual si hubiese sido otro» (p. 45). Remite a la razón (cfr. p. 47) y a la dignidad personal (cfr. p. 48).- Pero esta universalidad de la acción parece que no tiene en cuenta las circunstancias «personales».

[7] Los actos racionales son los actos libres. «Partamos de la libertad. Ser libre es hacer lo que a uno le da la gana. Si en lugar de hacer lo que me da la gana hago lo que me manda un amo, un rey, un tirano, alguien que puede dominarme por la fuerza, no soy libre, soy un esclavo. Hago lo que me da la gana cuando mis actos no dependen de nada. Ahora bien, si porque soy gallego me comporto como gallego, mis actos dependen entonces de todas aquellas cosas en las que consiste ser gallego. […] En realidad, para que mis actos, verdaderamente, no dependan de nada, conviene que tampoco me fíe mucho de «mis ganas». Hacer lo que a uno le da la gana parece que tiene que ver con la libertad, pero es fácil caer en la cuenta de que no es así si nos fijamos en la vida de un neurótico», pp. 54-55. Vid. pp. 72-73.

[8] Defiende la ley natural, a su manera: «[…] obedecer las leyes de los seres racionales y ser libre es exactamente la misma cosa. Para hacer «lo que uno tiene que hacer» (en tanto que ser racional) es preciso, muchas veces, estar por encima de lo que la gente llama insensatamente «las leyes». […] pongamos que un poderoso me obliga a dar falso testimonio. Si ese poderoso es un rey y el rey dice ser el que dicta las leyes, ¿es acaso obligación de todo ser racional obedecerle o más bien al contrario? En efecto, es perfectamente posible que las presuntas leyes no sean, en realidad, más que leyes impostoras», p. 58. «Sólo haciendo lo que «uno tiene que hacer», aunque sea, si así llega a ser preciso, contra la opinión de todos, contra las órdenes del rey, contra la autoridad del jefe, contra los prejuicios familiares, contra la policía si se tercia, es posible conservar la dignidad», p. 59. Vid. p. 66.

[9] «… en ese respeto por una acción libre, late ya el reconocimiento de que ahí se esconde la verdadera ley que todo el mundo debería haber obedecido, que eso es lo que todo el mundo debería haber hecho (en lugar de seguir cómodamente aferrado a sus costumbres, a sus coartadas legalistas, a su servidumbre hacia el señor, el amo, el rey o el dios). […] La Libertad es la única instancia que se ha ganado el derecho a ser respetada en tanto que representante de la Ley, de una Ley ante la que to-do ser racional tiene que sentir respeto», p. 59.

c) La persona

[10] La razón es el atributo principal del hombre, que le hace hermano de cualquier otro ser racional y conciudadano en una comunidad universal (cfr. p. 37).

[11] «Somos pobres mortales que nunca podemos estar del todo seguros de nada. Ahora bien, somos mortales que podemos razonar y que somos libres eso no nos convierte en doses, pero es suficiente para que podamos estar seguros de ciertas cosas muy importantes. Por ejemplo, estamos seguros de que la mayoría (incluso una mayoría muy amplia), a veces, puede decirdir cosas injustas», p. 101.

[12] Antes que cualquier otra cosa, de manera más fundamental, el hombre es ciudadano, cfr. p. 110.

d) Sexualidad y familia

[13] Sobre la expropiación de la familia en el mundo capitalista, pp. 152-154.

e) Mujer

[14] «Si nuestra profesora es mujer, no esperamos que nos dé un pun-to de vista femenino sobre la Revolución francesa. Por supuesto que nos tendrá que explicar el importante papel que desempeñaron las mujeres en dicha revolución, pero eso lo deberá hacer cualquier historiador riguroso y objetivo, ya sea hombre o mujer. Si los historiadores varones tienen más tendencia a omitir esa parte, será, precisamente, porque están dejando que se inmiscuyan sus opiniones machistas en su trabajo científico», p. 39.

[15] Sobre la postura de Marx al respecto, p. 156.

f) Política

[16] No España, sino «Estado español», p. 21.

[17] Una viñeta sarcástica con las elecciones políticas de partidos, p. 27.

[18] «¿Qué es una democracia sin Estado de Derecho, una pura y simple democracia, una democracia «en estado bruto»? En esas condiciones se impone la voluntad de la mayoría», p. 92. «[…] hay un tipo de golpe de Estado que es el más peligroso de todos y que consiste en que es el pueblo en masa el que usurpa el lugar de las leyes para acabar con el Estado de Derecho. En ese punto, la democracia y el fascismo se convierten exactamente en la misma cosa», p. 96.

[19] La democracia con Estado de Derecho comienza en Grecia y se retoma en la Revolución francesa, cfr. p. 109; 120. Pero el proyecto político de la Iustración ha salido «rematadamente mal», p. 114. El gran enemigo es el capitalismo (vid. pp. 121s; 129; 138).

[20] O república (y ciudadanía) o monarquía (y servidumbre). Comentarios sobre la Corona española y su falta de sentido, en p. 112.

[21] «Podemos llamar «orden republicano» al resultado político de la división de poderes. Aunque, en realidad, también podríamos decir que si la división de poderes fuera realmente lo que pretende ser (cosa que no suele ocurrir en la realidad) sería la genuina fórmula política del verdadero anarquismo», pp. 112-113.

[22] «El capitalismo es como un tren sin frenos que se acelera cada vez más. Camina, sin duda, hacia el abismo. Pero este abismo no es, como muchos marxistas imaginaron, su fin inevitable, que dará paso al socialismo. No, el capitalismo rueda vertiginosamente hacia el agotamiento de los recursos ecológicos, hacia la destrucción de este planeta, que sobrevendrá quizás con rapidez, por un desastre nuclear, o quizá más gradualmente, por una quiebra ecológica irreversible. Sería un gravísimo error, por tanto, comparar la revolución comunista con un tren en marcha o con un motor capaz de acelerar las fuerzas de la historia. Estas metáforas fueron una de las más grandes meteduras de pata de la tradición marxista. En realidad es todo lo contrario, tal como señaló hace ya mucho tiempo un filósofo marxista llamado Benjamin: lo que está fuera de control es, precisamente, el capitalismo, y el socialismo no es otra cosa que el freno de emergencia. Es la única esperanza que le queda a la humanidad para pararle los pies al capitalismo», pp. 123-124.

[23] Valor del comunismo, vid. pp. 125-126; 148-172.

[24] Origen y desarrollo del capitalismo, pp. 133ss.

g) Derecho y justicia

[25] Una ley es ley cuando cumple la «forma de ley». El planteamiento se parece al de Kant: «Pues bien, la forma de ley lo primero que impone es que cualquier ley tiene que poder obligar, sin excepción, a todos por igual; en principio no dice nada sobre si debemos comportarnos de un modo u otro; a lo único que nos obliga es a que, hagamos lo que hagamos, no resulte incompatible con que eso mismo pueda hacerlo cualquiera, es decir, pueda valer para todos o, lo que es lo mismo, pueda adoptar forma de ley», p. 67.

[26] «Hay algo mal planteado en el edificio del Derecho cuando resulta que es legal, en un mundo en el que la mitad de la población mundial sobrevive con menos de dos dólares diarios, que Bill Gates haya amasado una fortuna de unos cincuenta mil millones de dólares. […] Aquí hay algo mal planteado seguro, no cabe duda. Ahora bien, lo único que podemos decir es que no hay derecho a que el Derecho sea eso. Ese derecho defectuoso e impostor puede y debe ser corregido con más derecho. El Derecho lleva en su interior el criterio para efectuar esas correcciones, otra cosa es que los poderosos logren constantemente evitarlo. Ese criterio es, como hemos visto, la forma misma de la ley, que no es otra cosa, en el fondo, que la obligación de ser libre que tiene todo ser racional», pp. 78-79.- Y sigue: «que la mitad de la población mundial tenga que malvivir con menos de 2 dólares diarios es a la vez consecuencia y condición de que Bill Gates haya amasado su fortuna. En este sentido, resulta su fortuna incompatible con la forma de ley y, por lo tanto, intolerable», p. 80.

[27] «… es fácil comprobar que, en general, eso a lo que llamamos Derecho funciona en nuestras sociedades capitalistas como un instrumento de los poderosos para ser aún más poderosos, un instrumento de los ricos para ser aún más ricos y, también, un instrumento de los ricos y los poderosos para extirpar cualquier brote de rebeldía o de resistencia por parte de la ciudadanía», p. 80 (vid. pp. 144-147). Ese no es, para los autores, Derecho verdadero.

[28] Para la justicia de las leyes es precisa la división de poderes (cfr. 84; 108). Todos (rey, gobierno, parlamento, pueblo) han de estar sometidos a la ley (cfr. pp. 88; 90). «Todo esto es muy indicativo de lo muy convencidos que estamos de que la ley está siempre por encima de los hombres, incluso de aquellos hombres que ocupan las doce plazas del Tribunal Constitucional. E incluso, también, de la opinión mayoritaria del conjunto de los ciudadanos de un país», p. 89.

[29] «Así pues, estamos seguros de que la mayoría no es el verdadero criterio de lo que es justo y de lo que no lo es. Ahora bien, como no somos dioses, no se nos ocurre otro criterio para saber lo que es justo y lo que no lo es que discutirlo y buscar convencer a la mayoría», p. 102.

[30] «Lo fundamental es, pues, darse cuenta de que hay determinadas cuestiones que deben estar blindadas contra cualquier decisión (de la mayoría o de quien sea) con el mismo rigor con el que nos está prohibido decidir cuánto suman dos y dos», p. 105.

[31] «El imperio de la ley es lo contrario del mundo de las órdenes y la sumisión. «Ni Dios ni Amo», solían decir los anarquistas. Nosotros hemos llegado exactamente al mismo resultado al hablar de un Estado de Derecho, es decir, de una sociedad edificada a partir de un «espacio vacío» en el que no se ha instalado ningún trono ni ningún templo», p. 113.

[32] «La legitimidad emana de la ciudadanía, es decir, de la capacidad que tienen los hombres de instalarse en el lugar de cualquier otro», p. 113.

h) Derechos humanos

[33] «Pero que todas las leyes deban siempre remitir de un modo u otro a esa Declaración [Universal de los Derechos Humanos], que todas las leyes deban demostrar su compatibilidad con una declaración de los derechos de todos, no significa más que lo siguiente: el objetivo de las leyes debe ser garantizar las condiciones para que los actos de cada uno sean compatibles con los derechos de cualquiera según la pauta irrenunciable de que los derechos de todos deben ser por principio compatibles entre sí», p. 74.

[34] Crítica a la ONU y a la vigencia de la Declaración de los derechos humanos, en pp. 127-128.

i) Ciudadanía

[35] La ciudadanía democrática supone un «espacio» (cfr. p. 23) en la ciudad en donde están la asamblea y el mercado (cfr. p. 24), y en donde es necesario dialogar, «y de este diálogo van surgiendo consensos y de los consensos, leyes» (p. 24).

[36] El espacio social de diálogo democrático tiene que estas vacío, es decir, no ocupado por un Templo o un Trono: «ni tiranos terrestres ni déspotas celestes […] sin amos ni siervos» (p. 24; vid. pp. 83-84). O sea, democracia y religión son incompatibles. Positivamente, ese espacio está ocupado por la razón o la libertad (cfr. p. 27).

[37] «… en algún sentido, en algún sentido muy imporante, los hombres y las mujeres, […] son prioritariamente, por encima de todas esas cosas, ciudadanos. Alguien puede ser un obrero, pero antes de ser un obrero, es ya un ciudadano. Y lo sigue siendo siempre de manera fundamental», p. 25.

[38] «Por el contrario, si de lo que se trata es de que los distintos tronos tengan que tolerarse entre sí, de que tengan la obligación de aguantarse y respetarse unos a otros, entonces es preciso que haya algún tipo de instancia, algún tipo de autoridad desde la que se dicte esa obligación, esa norma, esa ley. Tiene, pues, que haber un lugar vacío desde el cual se diga, se obligue, se legisle lo que los tronos y los templos deben cumplir», p. 28.

[39] «Y el caso es que esta condición, esa pertenencia a un reino de la ciudadanía, es, precisamente, la brújula que orienta la acción de la libertad. Un acto libre siempre trabaja por la instauración de ese reino (un reino en el que, por definición, no hay otros reyes que todos y cada uno de los ciudadanos). Un reino de la ciudadanía, en el que todos seamos libres e iguales, es el objetivo al que se orienta, acaso muchas veces sin ser consciente de ello, la acción de un ser libre. Allí donde alguien se esfuerza en conservar su dignidad, se está trabajando por la instauración de este reino. Y este reino es, en efecto, la única condición en la que el hombre puede aspirar a vivir con dignidad», p. 82.

[40] Proletario y ciudadano: pp. 162-164.

[41] Camarada frente a ciudadano, p. 178.

j) El hecho religioso y la Iglesia Católica

[42] «Por supuesto, el ruido que han metido los obispos en relación con esta asignatura ha sido tan aparatoso que el espejismo estaba servido en bandeja. En este país tenemos la desgracia de padecer una derecha pre-civilizada, pre-moderna, pre-ilustrada, aliada de los sectores más reaccionarios de la Iglesia católica, una Iglesia a cuyos dirigentes sólo hemos visto movilizarse en contra de los derechos de los homosexuales, de las mujeres y, en general, en contea de todo lo que les suene a Derecho. Nos referimos, claro está, a la misma jerarquía eclesiástica que combatió en Latinnoamérica a la Teología de la Liberación, y que en España está empeñada en «limpiar la casa del Señor», cerrando parroquias comprometidas con la causa de los pobres, como la de Enrique de Castro en el barrio madrileño de Vallecas. Así pues, tampoco resulta sorprendente la furiosa reacción de la Conferencia Episcopal contra cualquier propuesta que incorpore, aunque sólo sea en el título, la palabra «ciudadanía». En esta ocasión se han comportado como auténticos Príncipes de las Tinieblas, como si la mera palabra «ciudadanía» les produjera el mismo efecto que la luz del sol al conde Drácula. La jerarquía de la Iglesia pierde los papeles cada vez que siente amenazada una micra de su poder político. Así pues, es normal que hayan reaccionado con virulencia contra una asignatura que pretende transmitir unos valores distintos a los que ellos inculcan en la asignatura de Religión. La hipodresía de los obispos y de organizaciones como la Confederación Católica de Padres (Concapa) al acusar al Estado de adoctrinamiento ha sido repugnante, cuando no surrealista, teniendo en cuenta lo contenta que estuvo la Iglesia de monopolizar el adoctrinamiento fascista, machista, homófobo y clasista durante cuarenta años de franquismo, y lo contenta que está ahora de valerse de fondos públicos para el lavado de cerebro de los niños en sus centros concertados y, en general, en la asignatura de Religión», p. 11. Con esto bastaría para el rechazo del libro entero.

[43] Una viñeta ambigua en p. 20 prefiere la tradición religiosa africana al pragmatismo occidental.

[44] Aceptan que haya gente religiosa, a condición de que sea una decisión libre, «pues el lugar de la última y más legítima autoridad seguirá estando en otra parte», p. 25. La religión forma parte de «los barrios de la vida privada» (p. 25).- Pero si esto fuera así, no se justifica los constantes ataques a la religión en todo el libro.

[45] Sócrates fue irreligioso, p. 26.

[46] Ponen juntos la religión y la superstición de los horóscopos, p. 31.

[47] «Por eso, cuando Jesús interpela a sus conciudadanos, lo que les está diciendo es que sean libres, que se miren a sí mismos independientemente de su religión, de sus costumbres, de su tradición, incluso independientemente de los mandatos de su dios, y que luego se pregunten, desnuda y sinceramente, si tienen o no derecho a apedrear a una adúltera», p. 62.

[48] Sobre la destrucción de la religión por el capitalismo, pp. 155-156

k) Otros

[49] Ataque explícito al PP y a J. M. Aznar, p. 9; 166.

[50] Los autores se declaran de izquierdas (p. ej., p. 10), pero se enfrentan con el PSOE por la reducción de la enseñanza de la filosofía (vid. p. 12). En cuestión de educación pública, principal preocupación de los autores, «las políticas del PSOE y del PP han resultado igualmente letales» (p. 12). Con todo, no tienen empacho en escribir: «Ahora bien, en estos últimos años cruciales, la voz de la izquierda ha sido casi por completo silenciada», p. 13.

[51] «Hasta hace no tanto tiempo, en España, cuando una muchacha perdía «la honra» antes del matrimonio, era maltratada y marginada con una crueldad extrema», p. 62.

[52] Sobre Franco y el golpe de estado de Tejero, vid. pp. 85-86. También sobre el terrorismo del GAL, vid. pp. 86-87 y 88.

[53] «EEUU o España, por ejemplo, pueden ser considerados «democracias» (representativas), si bien hay motivos de peso para negar que sean Estados de Derecho», pp. 91-92.

[54] La Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, pp. 131-132.

[55] Sobre el Presidente Bush, p. 132.

[56] Sobre Marx, pp. 136; 148-159.

[57] Referencia y cita de Salvador Allende, pp. 141-142.

[58] Críticas a Vyshinski (p. 174) y al maoísmo y la revolución cultural, a Sartre, a Foucault (pp. 174-177). Al socialismo real (pp. 178-180).

[59] Unos juicios históricos de episodios recientes de la historia, pp. 196-219.

2. Conclusión

Defiende tesis de Kant y un comunismo peculiar. Sus planteamientos políticos y morales no son compatibles con la moral de la ley natural. El «vacío» que reclama para la verdadera sociedad política es inhumano y ateo. Hay un error de partida, que consiste en la identificación de racionalidad, universalidad y sociedad.

No le interesa nada que no sea la fundamentación de la sociedad política: apenas dice nada de familia, sexualidad, religión, más que incidentalmente y de pasada.

Es muy interesante la refutación del relativismo y del escepticismo, y la defensa de la razón que se hace en las primeras páginas del libro. También es admirable la claridad con que defiende las posiciones, algunas positivas y aceptables. Es el caso de su rotundo antirrelativismo. También se hace una alabanza de la ley justa frente a cualquier manipulación o arbitrariedad.

Reseña de José J. Escandell

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8 comentarios

  1. Don Bernardino

    Pero cómo es posible que a estas alturas intenten ustedes seguir mintiendo tan descaradamente y manipulando a las pobres personas que, de buena fe aunque sin excesiva reflexión, consideran perjudicial la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Este libro NO ES UN MANUAL ESCOLAR DE EPC. No está incluido en la lista de manuales recomendados; no es un texto dirigido a la población escolar; ningún centro escolar lo ha admitido entre sus lecturas recomendadas, por la sencilla razón de que se trata de un ensayo de dos profesores universitarios y un ilustrador, que no ocultan su adscripción ideológica marxista, con la finalidad de arremeter contra esta asignatura tal como está planteada. Hace ya año y medio que quedó clara esta circunstancia, pero ustedes parecen no darse por enterados. Si con esta burda manipulación (porque ustedes son conscientes de ello) es como pretenden argumentar su oposición a EpC, me temo que obtendrán el más absoluto de los fracasos.
    (Mucho les agradecería publiquen este comentario, por mucho que no les guste. Es una cuestión de decencia).

  2. Don Bernardino,
    vamos por partes y ahorrándonos las descalificaciones:

    1.- El libro en uno de los analizados en un estudio universitario del que no somos autores y simplemente hemos transcrito.

    2.- Su título “Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho” no deja lugar a dudas de que es un texto de EpC. Si se encuentra en su segunda edición, parece que está teniendo bastante aceptación como para no estar dirigido a la comunidad escolar.

    3.- Usted dice que “No está incluido en la lista de manuales recomendados” ¿A cuál se refiere? ¿No tienen los centros y los profesores la libertad de elegir los textos?

    4.- Por último, si hubiera leído la recensión sin tanto apasionamiento, habría advertido que, ya en su segundo párrafo, el autor de la recensión deja meridianamente claro:

    El tono es, ni educativo o pedagógico, ni juvenil, aunque pretende tenerlo. No es accesible seguramente a alumnos de ESO. Reiterativo y prolijo, el estilo literario es correcto. No es un manual, sino un ensayo.

    5.- Lo que sería una “cuestión de decencia”, como usted dice, es que, quien rectificara sus acusaciones y descalificaciones fuera usted. Pero largo me lo fíais…

  3. Don Bernardino

    Comunicado hecho público en su día por los propios autores del libro

    Aclaración de los autores del libro Educación para la Ciudadanía (Akal, 2007) sobre la campaña mediática desatada en su contra.

    Carlos Fernández Liria.
    Pedro Fernández Liria.
    Luis Alegre Zahonero.

    Los autores del libro Educación para la Ciudadanía. Democracia, Capitalismo y Estado de Derecho (Akal, 2007) queremos hacer una aclaración: la falaz campaña orquestada por los medios de la derecha española contra nuestro libro se basa en una sarta de mentiras sin escrúpulos tanto respecto a su contenido como, en general, respecto a nuestra posición sobre la asignatura homónima.
    …….
    Hay, sin embargo, una vileza que sí queremos atajar: la maniobra (motivada por intereses electorales y partidistas) por la que -sabiendo muy bien que no es así- estos medios han hecho pasar el contenido de nuestro libro como aquello que verdaderamente se esconde tras la intención de Rodríguez Zapatero con la propuesta de la asignatura. De hecho, algunos se refieren a nuestro libro como “el manual de Zapatero”. En primer lugar, nuestro libro no es un manual para la asignatura: ni tiene ese formato, ni se ciñe a los contenidos curriculares establecidos para la asignatura ni, por supuesto, ha sido presentado al Ministerio para su homologación. Por el contrario, se trata más bien de un anti-manual que intenta hacerse cargo del tipo de cuestiones que, a nuestro entender, resultan imprescindibles para abordar la cuestión de la ciudadanía y que, sin embargo, brillan por su ausencia en los programas previstos de la asignatura ….

    ¿Quién denería rectificar y dejar de manipular, afirmación que no es ninguna descalificación, sino la constatación fehaciente de una realidad?

  4. Don Bernardino,
    no veo en qué contradice mi último comentario su apasionada defensa del libro. Yo no he hecho ni una sola de las afirmaciones de las que se defienden los autores del libro, ni les he atribuido intención ninguna.

    Los lectores de este blog disponen de una recensión del libro ilustrada con numerosas citas textuales, según una serie de criterios explícitos y firmada por un profesor universitario.

    Si se sienten perseguidos injustamente o consideran que no se han entendido sus motivaciones al escribirlo, son riesgos que corre cada autor cuando publica su obra. Si algo de lo aquí expresado les parece lesivo para su honor, que lo concreten y, en su caso, lo denuncien. Pero no pretendan rebatir recensiones científicas de su obra con pataletas.

  5. Don Bernardino

    Es usted un poco cerradete de mollera, señor padre objetor (dicho sin ánimo de ofender). Se lo voy a repetir por enésima vez a ver si consigue usted entenderlo: Que este libro NO ES UN MANUAL DE EDUCACION PARA LA CIUDADANIA y, por consiguiente, tanto esos supuestos intelectuales o profesores autores de la lista de manuales comentada, como usted mismo, deberían eliminar la inclusión del mismo en la lista de manuales aceptados y homologados por el ministerio de Educación. ¿Consideraría usted que, por ejemplo, “El sí de las niñas” es un tratado de formación para jovencitas solo porque en su título hace referencia a “las niñas”? Por favor, no sea tan simple, al menos si pretende tener alguna credibilidad entre sus huestes.

  6. padre objetor

    Don Bernardino,
    como parece que no soy el único “cerradete de molleta” yo también le reitero que, desde el segundo párrafo de la crítica y desde mi primer contestación a su comentario hemos dejado claro que NO ES UN MANUAL DE EDUCACION PARA LA CIUDADANIA. Tampoco he dicho que esté en la lista de manuales aceptados y homologados por el ministerio de Educación, aunque desconozco qué valor otorga, para usted, este criterio.
    Por mi parte, si no le importa, le sugiero que dejemos de darle vueltas a un hecho que, por si no hubiera quedado claro desde un primer momento a nuestros lectores, con su ayuda lo hemos dejado meridiano. Que los lectores saquen sus propias conclusiones, que para eso ofrecemos datos y reflexiones.

  7. Pues sí ya le ha quedado claro que no es un manual de EpC sino una crítica marxista a la asignatura y al gobierno de Zapatero, ¿por qué no lo elimina del apartado “Análisis de manuales de EpC”? ¿No queremos que ningún despistado pueda confundirse, verdad?

  8. padre objetor

    Urbek,
    no lo elimino porque forma parte integrante de una obra ajena reproducida en su integridad. Por otra parte, la crítica del libro ya establece, desde sus primeras líneas, que no es un manual de EpC.

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