Edelvives

Edelvives edelvives González Lucini, Fernando, Proyecto Más que uno. Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. ESO, Edelvives, Madrid, 95 págs.

Libro ligeramente mayor que A4. El texto se coloca en una columna que deja amplio margen para incisos. Abundantes fotografías y diseño cuidadoso. Tipo de letra quizás pequeño.

En la página primera tras la portada hace exhibición de que la editorial destina el 0,7 % de la venta del libro a un proyecto de una ONG.

Trae luego dos páginas de explicación de la estructura material del libro. El centro es el desarrollo de cada tema. Se añaden en laterales alguna indicación léxica, actividades especiales complejas y remisiones a fuentes en internet. Al final de cada tema hay una página de actividades complementarias.

El libro se divide en seis temas con títulos y subtítulos más literarios y efectistas que aclaratorios de los contenidos que anuncian. Parece que a través de estos seis temas se recorren asuntos que van ampliando geográficamente la visión: desde la convivencia inmediata hasta la terráquea, pasando por los derechos humanos, la democracia y el sentido planetario. Al final del libro aparecen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración de los Derechos de la Infancia.

El estilo del lenguaje es correcto, seguramente accesible a los alumnos, con el tono típico de los adultos que quieren hacerse entender por niños. Abunda un tono sentimental y cursi. Un título: «¡Alerta!: “Come-cocos” en acción», p. 56.

Las exposiciones son poco directas. No van al tratamiento de los asuntos, sino que se dedican con frecuencia a ilustrarlos con anécdotas o comentarios, sin que se establezcan las ideas de fondo con claridad y precisión. Es poco académico y vago o impreciso.

1. Puntos de control

a) Ética

[1] Los valores son «ideales o aspiraciones que apreciamos y deseamos hacer realidad porque consideramos que son importantes y necesarios para nuestra vida personal y colectiva», p. 10.

[2] Los «valores» compartidos en la convivencia democrática son grandes o pequeños, p. 10. Entre los grandes están la igualdad, la libertad, la justicia, la paz y la solidaridad. Pequeños son: «responsabilidad, ternura, respeto, esfuerzo, ilusión, generosidad, honradez, bondad, compasión, sensibilidad, perdón, misericordia, entre otros».

[3] Reivindican los autores el valor de la ternura «como un valor básico para la vida y para la convivencia que carece de género, es decir, que es característico tanto de los hombres como de las mujeres», p. 12 (insis-ten en p. 53, de la mano de P. Kelly). Se dedica a este asunto cuatro pinas, lo cual es un exceso. Y dos más en su contraposición con la «violencia», a continuación. Hay un tratamiento excesivamente parcial y sumario del concepto de la violencia.

[4] No contrapone los valores «del corazón» con los valores «del mercado», p. 11: éstos no son en sí mismos ni positivos ni negativos. En esto los autores evitan el maniqueísmo habitual de los manuales progresistas.

b) Sexualidad y familia

[5] En referencia al «amor», cita esto de G. J. Gibrán: «Y dijo entonces: hablemos del amos. Y él alzó la cabeza, paseó la mirada entre la gente y de produjo un silencio; entonces, con voz fuerte, dijo: cuando el amor os llegu, ¡seguidlo!… Y cuando os envuelva bajo sus alas, ¡entregaos a él!… Y cuando os hable, ¡creed en él!», p. 58. Palabras tremendamente ambiguas que unen los autores a las de S. Pablo sobre la caridad. No se precisa a qué amor se refiere.

[6] La familia es presentada sólo en conexión con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, p. 60.

[7] Ambigüedades y vaguedades: «La familia nace del amor que surge entre dos personas que se encuentran y que deciden compartir su vida y su futuro; se alimenta de la ternura; y se redimensiona –como fruto del amor- en el nacimiento de unos hijos que refuerzan y estrechan en el hogar [sic] renovados lazos afectivos», p. 60. También se recuerda el art. 32 de la Constitución.

[8] Divorcismo: «… crear una familia […] no siempre es fácil y duradero», p. 61. Porque a veces se produce «una ruptura del amor; ruptura que, cuando es irreversible, se traduce en la práctica de la separación y del divorcio, es decir, en una nueva situación de vida en la que es imprescindible que entre los padres y los hijos permanezca la práctica de valores tan esenciales como el respeto y la comprensión», p. 61.

[9] Muy pobre la nómina de autores de referencia para un ejercicio sobre la idea del amor: el cantante Silvio Rodríguez, Ortega y Gasset, Fromm, Antonio Gala y Ángela Figuera.

c) Política

[10] Democracia es más que gobierno del pueblo, sino que «democracia es libertad; es igualdad y pluralismo; es participación y solidaridad; es respeto; es reconocimiento de los derechos humanos fundamentales; y es –a fin de cuentas- tomarse en serio a todas las personas sin distinción; porque todas poseen una dignidad inquebrantable», p. 35. Por supuesto, el gobierno de Franco fue antidemocrático, p. 40. La conclusión es explícita: «… un “Estado democrático”, en realidad es, fundamentalmente, un “Estado justo y solidario”», p. 48.

[11] «Una de las personas que mejor ha comprendido y ha sabido expresar el significado y el gran valor de la “democracia”, como forma de gobierno y de convivencia, ha sido Charles Chaplin», p. 36.

[12] Las tareas del Estado llegan muy lejos, pp. 48-49. Hay una encendida defensa de los impuestos.

[13] Se iguala la guerra y el terrorismo: «Otra de las realidades más deshumanizadoras que se dan en el mundo es la de la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, especialmente cuando esa violencia se traduce en el uso de las armas, por ejemplo con el terrorismo y con la guerra, y origina muerte y destrucción», p. 70. Porque «sea cual sea el motivo o la causa que provoque cualquier conflicto armado siempre será inmoral e insostenible», p. 70.

d) Derecho y justicia

[14] La justicia, frente a los atentados contra los derechos humanos, «debe ser ejercida por los gobernantes de todos los países del planeta, tanto en el ámbito político como en el judicial» y «en su ausencia, debe ser administrada por organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos […] o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos», p. 29.

[15] Considera que no es de recibo ser feliz si en el mundo hay sufrimiento, p. 64. Para solventarlo, la solución está en los Objetivos del milenio de la ONU, ibid. Y, en el orden personal, el voluntariado, pp. 66ss., porque –con palabras de A. Cortina- «el voluntario es el que no puede ser feliz si no se hace justicia», p. 67.

e) Derechos humanos

[16] Los derechos humanos con «las cartas naúticas para un mundo y una vida feliz», p. 22.

[17] Se remonta su declaración a la revolución francesa, sin más horizonte, pp. 22-23.

[18] Se defiende el progreso de los derechos humanos en una tercera generación o «derechos de los pueblos»: «En este caso nos referimos a nuevos derechos como el derecho a la paz, el derecho a nacer y a vivir en un medio ambiente sano –no contaminado de polución y de ruido-, el derecho al cuidado y a la protección de la naturaleza, el derecho al respeto a todas las culturas y al enriquecedor encuentro intercultural entre los pueblos, y, en general, el derecho a un desarrollo global y sostenible que proporcione, a toda la humanidad, una vida digna», p. 25.

[19] Se ponen los derechos en correlación con deberes, p. 26, y con normas, p. 27: «Las normas son pautas de conducta, criterios de actuación que nos indican cómo debemos comportarnos para que, cumpliendo con nuestro deber, hagamos posible el respeto y el ejercicio de los derechos humanos y de los valores democráticos. Evidentemente, nos estamos refiriendo a normas que realmente se fundamentan en valores porque de lo contrario, si las normas que se nos pretenden imponer fueran caprichosas y no respondieran a auténticos valores humanos, deberíamos revelarnos frente a ellas, y dejar de cumplirlas». (El comentario final es redundante, supuesto lo primero que se dice sobre el sentido y fundamento de las normas).

[20] Una idea: «El derecho a la igualdad es la condición imprescindible para que se cumpla el derecho a la diferencia», p. 31.

[21] A falta de filósofos del derecho a lo largo de la historia, la autoridad de referencia para hablar de los derechos humanos es F. Mayor Zaragoza, p 34.

[22] Una propuesta: el derecho a soñar (insiste en p. 89) y el derecho a la esperanza, p. 34.

f) Ciudadanía

La ciudadanía es «un conjunto de valores, de derechos y de deberes que todos, sin excepción, estamos obligados a respetar y a cumplir», 7. Remite esta idea a A. Cortina, en p. 8.

[24] En medio de lo difuso del libro, se encuentran pretensiones como ésta: «Ha llegado el momento en que definitivamente deberíamos dedicarnos, en cuerpo y alma, a “crear humanidad”; es decir, a inventar lo que sea necesario para que desaparezca, para siempre, todo aquello que resulte inhumano o degradante para cualquiera de las personas con las que compartimos la inmerecida habitabilidad de nuestro planeta», p. 63. Hay implícita la esperanza de que se puede conseguir la paz y la «ternura» universales en la historia.

g) Otros

[25] Nombres mencionados: A. Cortina, J. Cortázar, Rosa Montero, R. Kapuscinski, P. Neruda, Descartes, G. Celaya, Carlos Álvarez, Ángela Figuera, J. M. Serrat, J. Bergamín, B. Atxaga, K. Annan, R. Menchú, M. Gandhi, J. A. Marina, F. Savater, V. Camps, J. Saramago, A. Saint-Exupéry, Petra K. Kelly…

[26] Se promueve el Manifiesto por la infacia y la adolescencia de América Latina y el Caribe, de 1999, p. 28.

[27] Como tantos, cae en el error de tomar como verídica y auténtica la carta del jefe Seattle, de Washington, p. 52.

«… la Tierra es nuestra madre y todo lo que a ella le afecta, nos afecta también a nosotros», p. 52. Se abonan a las tesis ecologistas de Kelly, p. 53. Anima a aceptar la Carta de la Tierra, p. 80.

[29] En el epígrafe «Atentados contra la vida», pp. 54-55, se habla de la droga, el alcoholismo, el tabaco, incluso de la circulación vial, pero se omite por completo el aborto.

[30] También anima a sumarse a los movimientos antiglobalización, pp. 84ss.

2. Conclusión

Desde un punto de vista pedagógico-científico, este libro es ñoño y con muy escaso contenido. Por lo general, parece tributario de las doctrinas morales de Adela Cortina.

Las ingenuidades y sentimentalismos del libro pueden confundir a los alumnos, como cuando se pondera el amor sin distinciones.

Es un libro acrítico, pues sus aportaciones no incluyen elementos suficientes de juicio para que los alumnos valoren las conclusiones que se les proponen.

Reseña de José J. Escandell.

Share
Enviar por mail esta página Enviar por mail esta página
Imprimir esta página Imprimir esta página Sin comentarios »

Escribir un comentario