Octaedro
Arán, J. M.ª; Güell, M.; Marías, I.; Muñoz, J., Praxis. Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, Octaedro, Madrid, 2007, 160 págs.
Todo indica que estamos ante un libro que pretende superar lo académicamente convencional: se muestra divertido (domina el cómic frente a otro tipo de ilustraciones), colorista (alterna páginas blancas para contenidos y anaranjadas para actividades), moderno y cercano a la sensibilidad juvenil. Aunque sostiene en el prólogo que “«es imposible educar los modos de proceder desvinculados de los conceptos», profundiza poco en los temas, buscando dar criterios que están poco matizados y casi sin ningún fundamento; tal vez porque también defiende que «los argumentos sirven para poco, como mínimo en el ámbito de la ética, si no iluminan una acción» (p. 3). Por ello, se puede ver que, deliberadamente, insiste mucho más en las actividades que en la exposición y desarrollo de contenidos (sólo el 25% de las páginas son contenidos conceptuales, el 75% se dedican a otras actividades).
La programación, según se afirma en el prólogo, está orientada a cambiar actitudes y formar en valores, más que al aprendizaje conceptual: lo que «nos sirve para justificar nuestro interés por las actividades más que por los conceptos» (p. 4). Los temas elegidos son:
1. Las relaciones interpersonales: sexualidad y afectividad,
2. La homosexualidad,
3. Los discapacitados,
4. La diversidad cultural,
5. La conquista de los derechos de la mujer,
6. La democracia,
7. El consumo,
8. La educación vial,
9. El problema Norte-Sur.
Su contenido está estructurado como sigue: En la primera página un cómic presenta determinados conflictos de valores e introduce el asunto. Le siguen cuatro apartados (Problema ético, La memoria histórica, Valor añadido y Educación de la salud y de las emociones): en los escasos párrafos de una cara de página (casi siempre) desgrana los contenidos supuestos y después ofrece una gran variedad de actividades. A continuación propone, como Autoevaluación, un ejercicio de verdadero o falso (cierra las respuestas en un Solucionario añadido en las últimas páginas). El tema concluye con una sección (Seguimos trabajando) que pretende reforzar lo aprendido en el tema, más allá de sus páginas. Para ello elige ciertas lecturas, páginas webs, películas y letras de canciones orientando su análisis con unas cuantas preguntas.
1. Puntos de control
a) Verdad y relativismo
[1] El planteamiento seguido por los autores del texto asume un relativismo de tipo cultural y social. Esto lleva a pensar que no se reconoce la existencia de una verdad objetiva. Así podemos ver cómo en los temas decisivos la postura adoptada se tiende a justificar por el hecho de ser un rasgo de la cultura dominante (pp. 11, 80, 146).
[2] Esta actitud superficial y su afán demagógico, hace que para defender sus posturas descalifiquen las de otros como estereotipos alejados de la realidad: «Los estereotipos son creencias compartidas por la mayoría, que definen de modo general el comportamiento de un grupo social. Por esta razón son una simplificación de la realidad y cuesta mucho cambiarlos. Al creer que los estereotipos son ciertos, tales personas acaban confundiendo la realidad con los mismos […] no son reflejos de la realidad sino creencias culturales «inventadas» y por lo tanto falsas» (p. 83). Claro, que nada más nos dicen sobre el acceso a la realidad salvo que coincide con lo que ellos defienden.
[3] Además, no queda muy clara su propuesta sobre el significado y valor de la cultura («conjunto de aspectos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad», p. 64), pues aunque afirma que la «diversidad cultural es un patrimonio común de la humanidad y es tan necesaria para el género humano como la biodiversidad lo es para los seres vivos» (p. 64); también dice que el beneficio de esta diversidad reside en que «la convivencia entre diferentes culturas en una misma sociedad amplía las posibilidades de elección de los individuos» (pg. 64).
[4] Por último, todas las culturas son puestas en pie de igualdad: «es imprescindible que todas las culturas puedan expresarse y darse a conocer en un contexto de igualdad de acceso a la información» (p. 64).
[5] Así, aunque se refiere frecuentemente a estudios científicos que nunca concreta, parece que la verdad es algo que se elige y no que se me impone por su propia evidencia. En el fondo, parece una construcción social o ideológica más producto de la voluntad que captación de la razón.
b) Ética
[6] En todos los temas hay una página que supuestamente plantea «el problema ético» pero nunca entra en el fondo del asunto; lo que hace a cambio resulta desalentador pues se queda en el plano de los tópicos. Para no agotar pongo sólo algún ejemplo: al hablar de las relaciones humanas lo más que dice es que «la sexualidad es también una forma de expresar afecto por otra persona y de canalizar el deseo de placer» (p. 8); al hablar de la homosexualidad explica el concepto de forma discutible y hace una referencia demagógica al marco constitucional y a la homofobia (p. 24); al hablar de la diversidad cultural se limita a analizar el concepto de la raza y el racismo (p. 58); en el tema de la mujer se centra en combatir un planteamiento del sexismo en función de su visión de la sexualidad (p. 74), etc.
[7] Es tal la falta de formalización que la sensación final es de reunión de valores inconexa salvada de la dispersión por los principios de igualdad y no discriminación: «un valor ético básico: la igualdad entre las personas, entendida como igualdad de derechos y, por tanto, de respeto y de no discriminación» (p. 80).
[8] El hombre bascula entre dos principios que suelen chocar: autonomía («la potenciación de todas las capacidades y recursos propios, de forma que […] disponga de la posibilidad de elegir libremente respecto a su vida. Este es un valor que se incorpora a la cultura occidental sobre todo a partir de la ilustración», p. 47) y solidaridad («el anhelo por el bien de los demás […] un valor ético muy popular en la actualidad», «el estado del mundo […] provoca en nosotros el sentimiento de solidaridad», p. 146), aunque «no siempre resulta conveniente que nos inclinemos por el mismo principio; será necesario […] aplicar lo que nos indique el sentido común» (p. 47).
[9] Tristemente no se ofrece la referencia de la ley natural para su articulación y orientación, no menciona el concepto de virtud y por lo que se refiere a valores se limita a reflejar esas vagas referencias, presentes desde el prologo, a los valores democráticos del «respeto, el diálogo, la tolerancia y el pacto» (p. 3), o «el gran valor ético que supone una conducta participativa» (p. 96) o «que la Declaración [de los Derechos Humanos] es una avance ético muy importante para la humanidad» (p. 143).
[10] La idea de una autoridad natural parece fuera de lugar y esto le lleva a no distinguir con claridad poder y autoridad. Así, define la familia matriarcal-patriarcal como aquella «en la cual el poder lo tiene» la mujer o el hombre (Actividad. 5, p. 12).
c) La persona
[11] Para hacerse una idea de lo poco rigurosamente que aborda el tema de la persona, sirve notar que abre el primer tema, dedicado a las relaciones humanas, empieza diciendo: «La sexualidad es una de las particularidades más importantes del ser humano» (p. 8). Como luego veremos, la importancia e interpretación que hace de nuestra condición sexuada es pura ideología de genero, mostrando la sexualidad como resultado de nuestra autonomía al margen de su significado natural.
[12] Desvinculados el amor y la sexualidad, en el tema de la homosexualidad vincula el amor con la ayuda a los demás: «en el respeto a los demás no hay mejor acción humana que el amor; por ello este siempre nos inspirará respeto» (p. 30). Sorprende que a la ayuda mutua solo la caracterice como un medio para llegar a ser respetado: «Hay tres maneras de ganarnos el respeto de los demás: con el desarrollo de actividades profesionales y sociales, a través del cuidado de nosotros mismos y con la ayuda a los demás» (p. 30).
[13] De ese modo, aunque considera la sociabilidad «como una de las claves cuando se trata de definir la humanidad: las personas son animales sociales por naturaleza» (p. 47), dado que pone en la ayuda mutua el núcleo del carácter social humano, la basa de hecho en el interés individual, al margen del bien común («somos animales sociales, es decir necesitamos de los demás para poder sobrevivir, tanto de las personas más cercanas como de aquellas que son de nuestro entorno pero por las cuales también nos preocupamos» p. 146; «ayudar a los demás es la fuente más universal, intemporal y profunda del carácter propio del ser humano. No podemos vivir aislados. El intercambio social es la fuente de grandes satisfacciones y de no pocos problemas. […] la ayuda mutua es el principio que lleva al reconocimiento de las otras personas como importantes, iguales y autónomas» p. 30).
[14] Su análisis de las relaciones humanas, entre el biologismo y el psicosociologismo, trasmite la idea de que el hombre está dominado por sus emociones: «tenemos muchas formas de expresar afecto hacia los demás», «en las relaciones de enamoramiento existe claramente un aspecto sexual», «lo que buscamos en los otros es muy diverso y puede depender de […] las normas morales y creencias que nos han transmitido los adultos desde pequeños, nuestra propia decisión o experiencias, y las inclinaciones biológicas que poseemos desde el nacimiento«, «todos los seres humanos buscamos, fundamentalmente, una comprensión y complementariedad que acabe cristalizando en la constitución de una familia, en el más amplia sentido de la palabra», (p. 8).
[15] Al no entender que la naturaleza humana es conyugal antes que política, invita a descalificar, en una actividad que analiza páginas web, la propuesta de «una organización que defiende un único modelo de familia» (p. 21): el modelo tradicional defendido por el Foro de la Familia.
d) Sexualidad y familia
[16] A partir del dualismo subyacente en la ideología de género y con un revoltijo de argumentos muy débiles o sin ellos, desvincula la sexualidad del amor, de la procreación y, por tanto, de la complementariedad de los sexos («el amor no tiene sexo. Nos enamoramos de personas independientemente del sexo que puedan tener», p. 26) y la familia: «Hay quienes han tendido a ver la sexualidad únicamente como una forma de reproducirse y por eso consideran que solo son aceptables las relaciones que conducen a tener hijos. Sin embargo, a partir de estudios científicos relativos a la sexualidad humana, podemos considerar esta de una manera mucho menos restrictiva» (p. 8).
[17] Afronta el tema de la familia con una definición que, sin más matices, parece negar su carácter natural y reducirla a producto cultural: «es una institución social presente en casi todas las culturas», p.11.
[18] De hecho, limita su análisis al aspecto sociológico de la familia describiéndola no por su naturaleza sino por la tipología de la agrupación: la amplitud (nuclear y extensa), el numero de progenitores («las familias monoparentales […] surgen por la separación de los padres, madres que permanecen solteras o por una situación de viudedad»), su sexo («en nuestra sociedad […] hay familias de personas homosexuales, ya sea de dos hombres o de dos mujeres, que pueden tener descendencia»), el número de cónyuges (poliginia, poliandria, monogamia: «nuestra cultura es monógama»), el tipo de autoridad («nuestra cultura ha sido patriarcal desde sus inicios […] también sufre cambios a partir de las familias en las cuales los dos esposos son dos hombres o dos mujeres») y parejas de hecho («hay familias que no han pasado por el ritual del matrimonio pero que cumplen las mismas funciones»), cfr. p. 11.
[19] Deforma la interpretación tradicional, ocultando o ignorando su decisiva diferencia en el modo de entender la naturaleza de la persona humana, y dice que la sexualidad «se restringe a la procreación: ésta es un aspecto esencial de la sexualidad humana, y por tanto todo acto genital debe incluir la posibilidad de la concepción. Por esta misma razón la enseñanza católica prohíbe tanto los actos homosexuales como la contracepción, la masturbación y el sexo prematrimonial y extramatrimonial», p. 27.
[20] La idea del matrimonio ofrecida es meramente sociológica: «es un ritual social que compromete y define públicamente la familia» (p. 11), pero ni constituye la familia ni es un exigencia natural de la profundidad y alcance de la relación sexual humana.
[21] Al desconectar la institución matrimonial de la natural ordenación y complementariedad de los sexos, defiende la homosexualidad como una forma de plenificación humana aceptable, además de muy frecuente («según estudios recientes, entre un 5 y un 10% de la población manifiesta una orientación homosexual», pp. 24 y 25), idéntica, en esencia, a la heterosexual: «una equiparación sin la que no se podrá hablar de una sociedad realmente justa», p. 26.
[22] Al definir la homosexualidad «como la orientación sexual de los individuos que se sienten atraídos afectiva y sexualmente por personas de su mismo sexo» (p. 24), vincula la conducta a la inclinación sexual por lo que no plantea la posibilidad real de controlar y elegir la propia conducta sexual al margen de los propios impulsos.
[23] Como desvincula el sexo de la reproducción, legitima el derecho de parejas homosexuales a la adopción de hijos para que puedan satisfacer su deseo de fecundidad (olvidan que los beneficiarios son los huérfanos: la adopción da padres a los hijos y no hijos a quien lo desee): «la comunidad homosexual continúa reivindicando una equiparación real con los heterosexuales en otros aspectos, como por ejemplo el reconocimiento del derecho a contraer matrimonio o adoptar un hijo», p. 24.
[24] Es sorprendente el descaro con que conduce a los adolescentes (recuérdese que este libro lo usaran chicos entre 12 y 14 años) a mantener relaciones sexuales dedicando bastantes páginas a dar información sobre el modo de evitar el embarazo. Junto a una foto de preservativos manifiesta su mentalidad contraria a la defensa de la vida: «se han inventado varios y diversos métodos anticonceptivos, que están al alcance de quien quiera usarlos. […] nos dará seguridad cuando nos enamoremos y queramos iniciarnos en las relaciones sexuales», p. 14.
[25] Desincentiva la virtud de la castidad al sostener que «evitar todo contacto sexual […], a ciertas edades, es un camino muy difícil de seguir», p. 14.
[26] Insiste en la idea del sexo seguro, frente al SIDA y el embarazo no deseado: «utilizar el preservativo, único método anticonceptivo que además de evitar el contagio del virus del SIDA, evita el embarazo no deseado», p. 14.
[27] Descalifica los métodos naturales de control de la natalidad, a los que califica como métodos anticonceptivos poco seguros (p. 17), mientras que bajo el epígrafe de «más seguros» cita todos los métodos artificiales (p. 18) incluyendo la «píldora femenina» y la «anticoncepción postcoital» sin advertir de sus riesgos para la salud. También escamotean el hecho de que esta última sea abortiva: «se basa en la acción de hormonas que evitan la gestación provocando la regla», p. 18.
[28] El papel de los padres en la educación de sus hijos se pone en pie de igualdad con cualquier elemento social y por supuesto ni se menciona en el tema de la educación sexual. Educar «es tarea de todos: padres, medios de comunicación, empresas, políticos, sindicatos, […]», p. 4. A veces se presenta más como una limitación de la autonomía de los hijos (en una actividad, llega a calificar su intervención de «intimidación»: «el padre de un chico de 14 años entra en su habitación sin llamar antes a la puerta», «Una madre inspecciona las cosas de su hijo/a para comprobar si fuma», «Los padres de alguien de 15 años salen de copas durante las fiestas por la misma zona por donde sale su hijo/a con los amigos», p. 10; luego insiste en el solucionario que van a «patrullar»).
e) Mujer
[29] En la línea de la ideología del género para la que el sexo es pura opción, el tema dedicado a los derechos de la mujer esta inspirado en una interpretación muy radical del feminismo, sin admitir ningún tipo de diferenciación entre varones y mujeres: «los derechos fundamentales de las personas […] proclaman la igualdad plena de hombres y mujeres en todos los ámbitos […] independientemente del sexo», p. 74.
[30] En la línea de la dialéctica entre naturaleza y cultura, separa el sexo como dato biológico de su desarrollo cultural: «la diferencia significativa entre los seres humanos no reside en el hecho biológico de ser hombre o mujer, sino en el nacer y desarrollarse en una cultura determinada, y en las diferencias particulares que existen entre todos los se-res de una misma especie», p. 80.
[31] El resto de las diferencias son puro resultado del sexismo y nada tienen que ver con la complementariedad y entrega recíproca a que la naturaleza ordena la diferencia de los sexos: los estereotipos «guían nuestra opinión hacia el carácter de los hombres y las mujeres: su comportamiento, la división entre trabajos masculinos y femeninos, la distinción de juegos y/o juguetes según a quien vayan dirigidos, etc. […] es preciso eliminar los estereotipos sobre hombre y mujeres, pues no son reflejos de la realidad sino creencias culturales ‘inventadas’ y por tanto falsas», p. 83.
[32] Su definición de sexismo es de una amplitud alarmante: «las diferencias entre las personas por razones de sexo recibe el nombre de sexismo: se afirma que las mujeres son inferiores en todos los sentidos, físicamente, intelectualmente y en cuanto a las capacidades sociales y de responsabilidad», p. 74.
[33] Demuestra dar una escasa importancia a la maternidad como vocación femenina por considerar de carácter sexista el decir que es su inclinación natural (criticando una frase atribuida a Pío XII, p. 76). También se trasluce en una actividad destinada a eliminar estereotipos sexistas: «Cuando la mujer ejerce su profesión, se hace más difícil que sea una buena esposa y madre […] Una mujer que se niega a tener hijos incumple su deber respecto al marido; […]», p. 84.
[34] Considera que todo está contaminado por la discriminación sexual: el ámbito doméstico y político, el mundo religioso, el económico, el universitario y hasta el lenguaje («usamos frecuentemente expresiones masculinas para referirnos a los dos sexos», p. 74.
[35] Y, por supuesto, la liberación de la mujer incluye «aspectos de la vida privada, como el derecho a abortar o a divorciarse», p. 77. Eso sí, la mujer más débil («nasciturus») pierde hasta el derecho a la vida frente a la más fuerte.
f) Política
[36] Esboza de una forma muy elemental el problema político: se desarrolla históricamente mediante la dialéctica Democracia (soberanía popular, «poder de la ciudadanía y no de una autoridad superior o divina», Grecia, Revolución Francesa y americana) y Despotismo (derecho divino, «poder absoluto de un emperador, un rey […], a menudo relacionados directamente con los dioses», Mesopotamia, Egipto, Roma, dictaduras y algunas formas «semidemocráticas con monarquías poco representativas») para concluir que «la conquista de la democracia que inició la Revolución francesa aún no ha terminado», p. 90.
[37] Un logro de esta conquista de la democracia es el surgimiento del constitucionalismo que marca el final del Antiguo Régimen y en España va desde la Constitución de Cádiz hasta la del 78, que es el «fundamen-to de nuestro actual sistema político democrático» (p. 93), pero no es analizada, salvo la referencia a la organización territorial (autonomías). Por el contrario, una actividad de las páginas 94-95 pretende mostrar el diferente carácter democrático de la historia de nuestro constitucionalismo y parece querer poner en un plano superior la Constitución republicana del 31.
[38] Defiende la superioridad moral de la democracia: los países son «gobernados por personas elegidas en elecciones libres, con las leyes definidas por los parlamentos y las libertades garantizadas por la Constitución» (p. 90) y se refuerza «el gran valor ético que supone una conducta participativa. […] a partir de la participación en nuestro entorno también podemos reforzar el modelo democrático de nuestra sociedad» (p. 96).
g) Derecho y justicia
[39] Justicia es entendida más como igualitarismo que como tratar diferentemente a los que son diferentes: «Para entender la injusta distribución de la riqueza en el mundo» (p. 106), ofrece cifras sobre lo desigualmente que esta repartida; «la discriminación a favor de las personas heterosexuales es injusta» (p. 25), etc.
[40] En el contexto de una dialéctica no bien resuelta entre igualdad y diferencia («la igualdad es un valor ético que se basa también en el respeto a la diferencia», p. 80), parece que la raíz de los derechos fuera la completa igualdad y hay que reducir al máximo las diferencias. Sólo así se entiende el constante esfuerzo del texto y la asignatura por uniformar nuestras actitudes.
[41] Sería deseable que analizara con mayor detalle el concepto de Derecho pues es un concepto que utiliza incesantemente en el sentido de derecho subjetivo: derechos de los homosexuales, (pp. 24, 29, etc.), a ser respetado y bien tratado (pp. 37, 45), de la mujer (pp. 74, 77, 80), derechos de los consumidores (p. 115), etc.
[42] Sorprende el modo arbitrario de entender la justicia y el derecho a la vida cuando habla del aborto o de los discapacitados. Así, al alabar el descenso de las discapacidades, dice: «quizá el caso más interesante sea el del síndrome de Down, que se redujo de modo espectacular (cuatro veces menos casos que en las décadas anteriores). Dicha disminución es consecuencia de las mejoras en la detección fetal de ciertas enfermedades» (p. 42), y debería concluir: así podemos asesinarlos antes de que nazcan.
[43] El cinismo se agudiza al ver que después critica las prácticas eugenésicas: «algunos pueblos de la Antigüedad, como Grecia o Egipto, aplicaban la fórmula más básica y más primitiva para tratar las diferencias: la eliminación. […] mataban a todos aquellos que presentaban alguna deficiencia», p. 45.
[44] Dado que no ofrece ninguna otra idea alternativa a la construcción democrática de las legislaciones ni hace referencia a la teoría de la ley y el derecho natural, parece apoyar las tesis del positivismo jurídico y la deja una gran dificultad para diferenciar entre legalidad y moralidad: hechos históricos y textos legales son el fundamento de la ley.
h) Derechos humanos
[45] Puesto que no se ha hecho ninguna propuesta explícita del concepto de naturaleza humana, la fundamentación que hace de los Derechos Humanos resulta del todo insuficiente: «Todos coincidimos en que las personas tenemos unos derechos naturales e indiscutibles por el simple hecho de ser humanos», p. 143. Si bien es cierto que transversalmente se refiere a derechos subjetivos sólo dedica a este bloque esta página.
[46] Ofrece como únicos hitos de su desarrollo histórico la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano expresados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 48: la Revolución francesa y la ONU.
[47] Sorprende que califique de «avance ético muy importante» (p. 143) la Declaración del 48, como si la ética fuera un asunto de buenas intenciones y no hubiera habido otras propuestas morales muy anteriores, y de elevación cuando menos semejante, en la moral cristiana y en la ética filosófica clásica.
i) Ciudadanía
[48] Defiende que educar la ciudadanía va más allá del simple promover el civismo que se manifiesta en una «conducta respetuosa ante propios y extraños» (p. 3), pues debe ser entendida como aquella «cultura publica de la convivencia […] que incluye un conjunto de valores morales y una apuesta por un modelo concreto de sociedad humana» (p. 3). Evidentemente están hablando del modelo de sociedad y moral pública defendido por ellos mismos, modelos que a menudo son distintos de los estereotipos que el alumno ha adquiridos hasta ahora.
[49] Por lo que hemos venido observando, el modelo de sociedad de la verdadera ciudadanía es la que encarna los valores de la socialdemocracia: igualitarismo socioeconómico («el voluntario reconoce la solidaridad como una manera de equilibrar las desigualdades que existen en nuestro mundo», «los países del Norte poseen una cierta «mala conciencia» por ser los causantes de las dificultades de los países del Sur», «el proceso de concentración de riqueza crece de forma constante como consecuencia del sistema económico mundial imperante, con sus devastadores efectos sobre el ecosistema natural y sobre la mayoría de la población humana», p. 146) y liberalismo moral (favorecer «sexo libre», desdibujar la familia y el matrimonio, feminismo radical, moderar el consumo fruto de la sociedad capitalista (pp. 106, 112), laicismo, defensa del multiculturalismo, etc.).
[50] No tiene mucho sentido dedicar una página entera de los escasos contenidos al tema del desarrollo histórico de los medios de transporte, cfr. p. 125.
j) El hecho religioso y la Iglesia Católica
[51] Como resultado de su mentalidad laicista, no se presta atención temática a la importancia del hecho religioso en el campo de la moral social y cuando aparece es utilizándolo para criticarla como portadora de actitudes propias del pasado. Así, la orientación religiosa no significa nada ante el inmenso valor de la libre orientación sexual: «sea cual sea nuestra orientación religiosa, hemos de respetar el hecho de que los se-res humanos somos capaces de muchas formas de expresión, orientación e identificación sexual», p. 27.
[52] El texto transmite una visión muy negativa de la Religión y, en particular, de la Iglesia católica, cuya doctrina suele infravalorar y caricaturizar:
a. «la Iglesia católica afirma, sin embargo, que la sexualidad se restringe a la procreación», p. 27;
b. «la visión heterosexual, procreadora y estricta que ha imperado entre nosotros, herederos de la moral judeocristiana. Este modelo represivo se generalizó a principios de la época medieval y ha llegado con fuerza hasta hoy. El fascismo alemán, el estalinismo y el franquismo […], muestran ampliamente la realidad de esta afirmación», pág. 27. (¿Además de que el fascismo es italiano, de verdad creen que nazismo alemán y estalinismo soviético son herederos de la moral judeocristiana?);
c. «en el mundo religioso, en general, las mujeres tienen un papel secundario y un poder muy reducido» (p. 74);
d. «se reivindicó la libertad de pensamiento y disminuyó la practica religiosa; lo cual supuso un lento fenómeno de laicización, a partir del cual la religión católica va perdiendo progresiva y lentamente poder social» (p. 109).
k) Otros
[53] Interpretación maniquea de buenos y malos: «¿Cuáles han sido las causa principales de esta inmensa grieta entre el Norte y el Sur? En primer lugar […] el colonialismo […]; en segundo lugar, nuestro consumismo […]; en tercer lugar, el llamado problema de la deuda», p. 138.
[54] Se pueden leer entre líneas las tesis marxistas convenientemente actualizas: como la lucha de clases ha perdido su sentido por el desarrollo de las clases medias, el frente de la confrontación dialéctica pasa a ser otros planos: Norte-Sur, homofobos-homosexuales, sexismofeminismo, etc. Además, no se trasmite una idea nada clara ni positiva de la economía de mercado siendo como es un elemento constitutivo de nuestro modelo de ciudadanía.
[55] Los materiales de la sección Seguimos trabajando son muy frecuentemente inconvenientes y le dan una orientación marcadamente progresista e inadecuada para la edad de los destinatarios. Además de algunas webs, es muy claro el caso del libro Al otro lado del espejo, (p. 21) y la película Descubriendo el amor [Fucking Amal], (p. 40).
2. Conclusión
Es un libro de texto completamente desaconsejable. Una propuesta como la suya contiene y favorece un grave desorden moral. Además, está explícitamente concebido con el objetivo de transmitir determinadas actitudes y valores morales, procurando modificar con ellos las conductas de los alumnos.
Se centra especialmente, con verdadero afán adoctrinador, en los aspectos más polémicos del decreto de contenidos de la LOE: homosexualidad, tipos de familia, métodos anticonceptivos, etc., promoviendo una idea del hombre y la sociedad en consonancia con la ideología de género.
Pretende moldear la conciencia de los chicos a partir de una cosmovisión manifiestamente incompatible con convicciones que son muy frecuentes en gran número de familias españolas. Otro aspecto dañino, y no menor, es que lo hace demagógicamente (aunque dice apoyarse en investigaciones científicas ninguno de los datos y las citas incluidos en el texto se soportan con la referencia contrastable de su fuente) y al no analizar el fondo de los asuntos no favorece que los chicos puedan reflexionar, contrastar y formar su propia idea de los asuntos (¿o es que no pueden tener ideas propias?).
Reseña de Antonio Páramo
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