¿Qué precio tiene la libertad educativa?
Hoy cuenta Fernando de Haro en Páginas Digital que “Educación amenaza con empeorar los conciertos para conseguir el Pacto“:
El pasado mes de noviembre el Ministerio filtró una actualización del decreto que regula los conciertos educativos, promulgado en 1985. El borrador de entonces suponía un endurecimiento de las condiciones para conseguir la renovación de los conciertos que en este momento, salvo excepciones, es casi automática. Todos los interlocutores sociales que apuestan por la libertad educativa entendieron que si no se firma el Pacto el borrador filtrado podría convertirse en definitivo.
Esta amenaza está en la raíz del timorato comportamiento de los agentes educativos que, en principio, apuestan por la libertad de educación. Atrapados por los conciertos educativos, los centros de iniciativa privada se ven, continuamente, ante la disyuntiva de rebelarse ante las imposiciones gubernamentales que recortan y ahorman su proyecto educativo o plegarse ante las exigencias de la administración educativa para evitar poner en peligro los conciertos educativos.
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Ya salió a escena la naturaleza del escorpión. Resulta que, para variar, el tan necesario Pacto de Estado por la Educación es otra oportunidad para reforzar el “cordón sanitario” en torno al Partido Popular. Los supuestas “
Después de sorprenderme ayer con la disposición tan favorable de CONCAPA a suscribir el Pacto de Educación, leo una crónica en Hispanidad que, bajo el título “Gabilondo ofrece 1.500 millones de euros adicionales en el plan de austeridad”, explica:
Ya lo advertíamos ayer: un pacto que aspira a no disgustar a nadie tampoco va a convencer a nadie. Y es que ponerse como objetivo no pisar callos no garantiza un baile brillante.





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