El Zurbano educativo
Prepárense para el parto de los montes: el ministro Gabilondo presenta mañana el texto definitivo para el esperado pacto educativo. Un pacto que, más que un acuerdo marco, ha sido un batiburrillo de exigencias y vetos que no pueden sino alumbrar el escuálido conjunto de medidas sobre las que no ha merecido la pena ni discutir: el Zurbano educativo.
Y es que, una vez más, priman los intereses partidistas sobre los nacionales. El cortoplacismo electoral frente a la visión de Estado. Nada que no sepamos a estas alturas del curso.
Si reúne usted a los representantes del arco parlamentario a fin de pactar un modelo educativo, seguro que no se sorprende del resultado: más dinero para todo y para todos, pero ni un solo principio común, ni un valor por todos respetado. Y es que un pacto educativo es, hoy por hoy, inimaginable.
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Ayer mismo acabamos de conocer una sentencia del Tribunal Supremo que obliga al Tribunal Superior de Justicia valenciano a la admisión del recurso de unos padres objetores que demandan les sea reconocida la objeción de conciencia.
Recientemente he publicado una opinión bastante crítica con los colegios que presumen de ideario católico:
Hace no muchos años, cuando los colegios católicos eran católicos, nos enseñaban que el término ‘católico‘ significaba ‘universal‘. El catolicismo es, en su fundamento, un afán de universalidad: una misión de extender la Buena Nueva a todos los confines de la tierra.






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