Bernat Soria también lo tiene claro
Ahora que el Tribunal Supremo parece que ha dejado “atada y bien atada” la asignatura de Educación para la Ciudadanía, sus promotores y defensores van perdiendo el cuidado en vendernos la burra constitucional para hablar sin tapujos de la asignatura que va a remediar todos los males del país.
Hace unos pocos días comentaba la claridad de la ministra Aído a este respecto. Ahora le toca al ministro Soria.
Pero no se preocupen, señorías, que a quienes sabemos de qué va la cosa no nos pilla por sorpresa. Y quienes se afanan en tapiar sus puertas y ventanas no tienen tiempo ni ganas de alzar la mirada no sea que les asalte un momento de responsabilidad que les haga dudar de su planteamiento egoísta y cortoplacista. Por lo menos ya volvemos a llamar, en este país, al pan, pan y al vino, vino.
«En España aún algunos está discutiendo si Educación para la Ciudadanía tiene sentido. Yo creo que es el momento de recordar que esta asignatura incluye educación sexual. Y hay que trabajar en esa línea, a lo mejor hay que aumentar más el trabajo en la escuela, que es responsabilidad del Estado, y en casa, que es responsabilidad de los padres».
Diario Sur, domingo 15 de marzo de 2009, p. 84
No hace muchos días que el Tribunal Supremos publicaba las cuatro primeras sentencias sobre Educación para la Ciudadanía. Si bien estos primeros fallos no advertían motivos para admitir la objeción de conciencia, quisieron poner de manifiesto que no les es lícito a las administraciones, los centros docentes, los profesores y los manuales establecer como ciertas y objeto de estudio y asimilación cuestiones morales discutidas y discutibles, que vayan más allá del consenso constitucional.
«La asignatura habla de los derechos humanos y de algo que muchas veces olvidamos y que figura en nuestra Constitución, los valores fundamentales: la libertad, la igualdad, el pluralismo político y la justicia»
«El fallo del Supremo favorable a Educación para la Ciudadanía ha supuesto un espaldarazo. Es una materia imprescindible que incluye aspectos específicos sobre violencia de género, salud sexual y reproductiva o respeto a la diversidad».
Mucho se está escribiendo tras la publicación de las cuatro sentencias sobre Educación para la Ciudadanía por parte del Tribunal Supremo. Los juristas opuestos a la EpC, en aras de la eficacia procesal, analizan y sopesan las vías de recurso que más probabilidades tienen de prosperar. Y hacen bien, aunque quisiera recordarles que, visto lo visto -y ellos lo saben mejor que yo- no está muy claro, hoy por hoy, el resorte que abre la caja de la justicia. Esta cuatro sentencias -y sus votos particulares- son tentadoras para iniciar nuevos caminos en la lucha por la libertad de educación. Quiero plantear, no obstante, algunas cuestiones que no debiéramos olvidar los padres objetores ante el panorama de novedades y esperanzas que se nos abre.
José Antonio Marina ya está harto. Y no le falta razón. Ve tambalearse su gran proyecto moral (y también empresarial, ¡para qué nos vamos a engañar!).







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