Educación para la Ciudadanía: derecho a adoctrinar
Hoy ha organizado elCorreoweb.es un Encuentro digital con Juan José Abad, el autor del libro de Educación para la Ciudadanía calificado como adoctrinador por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía hace unos días.
Tras las declaraciones hechas al Diario de Burgos en las que acusaba el palo recibido pero achacaba el fallo a prejuicios ideológicos, hoy, respondiendo por escrito a una serie de preguntas formuladas por los lectores, ha vuelto a perder la oportunidad de matizar sus declaraciones y ha justificado más si cabe su manual y su forma de concebir la educación en contra del criterio sentado por el Tribunal Supremo:
En una sociedad democrática, agrega la sentencia, “no debe ser la Administración educativa —ni tampoco los centros docentes, ni los concretos profesores— quien se erija en árbitro de las cuestiones morales controvertidas“, ya que éstas pertenecen “al ámbito del libre debate en la sociedad civil, donde no se da la relación vertical profesor-alumno, y por supuesto al de las conciencias individuales“.
Abad, por el contrario, utiliza la relación vertical profesor-alumno (como autor) para debatir con ventaja múltiples cuestiones controvertidas de alcance ideológico y moral procurando transmitir a los indefensos alumnos sus posiciones ideológicas:
ShareTrato de temas controvertidos en la sociedad de una manera también controvertida
en esos temas controvertidos es en los que hay que entrar, de una manera neutral. Los problemas son los problemas, y si algún sentido tiene EpC es afrontar de una manera honrada esos problemas.
En el libro no ofrece una repuesta unívoca y que cada uno tiene que solucionar. Yo sólo doy algunas pautas, pero ninguna solución. EpC debe entrar en los problemas.


Corría el pasado mes de abril cuando se puso fecha para la aceptación o el rechazo del fallido Pacto de Estado de Educación. Una crónica de Hispanidad reflejaba los argumentos de muchos participantes para oponerse a su firma. Y, cuando le llega el turno a los representantes de centros y padres de la enseñanza concertada, surge la ¿sorpresa?:






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